La música se apodero del Kursaal desde los primeros compases de este concierto, primero de los dos que la Filarmónica de Luxemburgo, sin apenas renombre entre las orquestas europeas, ofreció en Quincena Musical. Se interpretaba Una noche en el monte pelado, en su orquestación original no tan interpretada como su revisión por Rimski-Korsakov. Luxemburgo dejó claro ya en esta primera obra que posee una firmeza, una disciplina y una homogeneidad muy superiores a las que permitiría imaginar su falta de renombre. También quedó claro que ese nivel -para mí inesperado- emanaba de su director, Gustavo Gimeno. Siendo lícito, no parece razonable preguntarse qué sería de esa orquesta con un director inferior, porque las orquestas son lo que sus maestros logran de ellas, aunque a la postre sea efímero o esté unido inextricablemente a su propia…
Comentarios