La ópera, como el fútbol, es un mundo de pasiones. Y aunque ya no tenemos las grandes rivalidades del pasado, con la afición marcadamente decantada, como en el clásico Callas / Tebaldi, es prácticamente inevitable que los cantantes con un sello particular despierten adhesiones. Especialmente tras una carrera larga.
Algunos de ellos alcanzan el estrellato en plena madurez. Es el caso de Gregory Kunde, que se ha convertido en un verdadero fenómeno dentro de la lírica, el único tenor capaz de la proeza de cantar el mismo año los Otellos de Rossini y Verdi. Para quien no conozca las exigencias de uno y otro en detalle este dato no significará nada. Quien sepa que el primero requiere un dominio de todos los resortes del bel canto auténtico, con muchas agilidades, y que el segundo reclama un tenor spinto o dramático, con un centro y grave…
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