Sonrisa de dientes grandes y amarillentos. A veces transformada en estentórea carcajada entre infantil, hiriente y orgullosa; mirada soñadora y profunda, un andar desparejo y tal vez poco elegante, vestimenta de traje y chaleco, aún cuando hiciera calor, su decir pintoresco y localista, su pensamiento rápido, agudo, bañado de ironía e inteligencia, a grandes rasgos así fue el dr. Gustavo Leguizamón, el “Cuchi” Leguizamón a quien tuve el privilegio de conocer. Personaje inolvidable que se fue un 27 de setiembre de 2000, justo dos días antes de sus ochenta y tres años.
El detalle inexorable de la vida es la muerte y cuando ésta llega siempre resulta inesperada por muy esperada que haya estado. El “Cuchi” llevaba un lapso enfermo. Hacía ya tiempo que el laberinto intrincado de su mente se había deteriorado dejándonos huérfanos de su talento…
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