La marcha de Juan Diego Flórez de la que fue su discográfica en exclusiva desde los inicios, Decca, hasta Sony, siguiendo el movimiento previo de Jonas Kaufmann, provocó cierta sorpresa. La publicación con el sello británico de un recital tan aburrido como insustancial dedicado a la canción italiana (Italia), de corte claramente comercial, que no aportaba nada a su carrera cuando había mucho repertorio por explorar aún en disco, daba la sensación de un cierto agotamiento de ideas y propuestas, toda vez que el peruano había declarado su intención de ampliar su repertorio desde el bel canto italiano hacia otros terrenos como el francés. Así había quedado claro previamente con L’Amour.
Precisamente, a raíz de este último disco, en el que se pusieron de manifiesto las limitaciones del instrumento en materia de espesor vocal en las partes más…
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