Bajo la alfombra de Enrique Granados

1] El motorista de bigote afilado

Xoán M. Carreira

viernes, 13 de octubre de 2017

El 21 de septiembre de 2017 se inauguró en el Museo de la Música de Barcelona la exposición Granados de París a Goya que permanecerá abierta hasta el 22 de mayo de 2018. Coproducida con el Museo de Lleida, donde estuvo abierta de enero a abril de 2017, la exposición cuenta con el patrocinio de Acción Cultural Española, Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Ayuntament de Lleida, Institut d'Estudis Ilerdencs de la  Diputació de Lleida y el Auditori de Barcelona, que aloja el Museo. 

Joaquim Rabaseda, comisario de la exposición, ha diseñado un recorrido por siete espacios: París, Teatro, Dante, Liliana, Tartana, Gesto y Goya. Se traza así el retrato de un creador que diseñó un proceso productivo personal y cosmopolita, y construyó una imagen de artista moderno antes incluso que modernista, en cuya obra conviven la música, la pintura y el diseño, y el olfato interpolados por su aspecto de 'dandi' a lomos de una motocicleta. 

Por lo que pude intuir en mi breve visita a Barcelona para ver esta exposición, la propuesta de Rabaseda le ha hecho objeto de críticas ácidas por "haberse olvidado del pianista y/o piano". Esta acusación es manifiestamente falsa, ya que a lo largo del centenar de piezas expuestas hay mucha música pianística -en partitura y grabación- y varios pianos en fotografía y como objeto. Es obvio que lo que ha molestado a muchos 'defensores' del artista es que Rabaseda no se ajusta ni a la liturgia ni al derecho canónico granadino, ni mucho menos a su teología dogmática. Permítaseme un breve recorrido personal por los textos introductorios de cada sala de la exposición:

París. Granados residió en París donde contempló la construcción de la Torre Eiffel, y entre otras muchas cosas descubrió "la música española. Porque España era un exotismo de moda. En París, Granados se inventó como artista moderno. Y se dejó crecer el bigote.". Al igual -por cierto- que hacía Sibelius, otro dandi, por la misma época.

Teatro. "A finales de siglo la modernidad se encontraba en el teatro. Pintores, escritores y músicos querían reformar la sociedad desde los escenarios. [...] También tenían la esperanza de encontrar una forma digna de ganarse la vida [...] Las empresas no acabaron de funcionar y los inversores se desanimaron. Sin embargo, a pesar de todo, las ilusiones escénicas de las décadas de 1890 y 1900 fueron un faro cultural que agrupó a los creadores en un sueño de obra de arte total."

Dante. Granados compuso este poema sinfónico a partir de los textos de la Divina Comedia y de la conocida pintura Paolo and Francesca da Rimini (1855) de Dante Gabriel Rosetti.Según Rabaseda, "era una demostración modernista de la voluntad de unificar las artes en un todo: poema, pintura y música. La orquesta de Dante retrataba las sombras del infierno, de la misma manera que las imágenes ponían cara a los condenados y los versos representaban su lamento". Junto a los borradores del poema sinfónico y el facsímil del cuadro, Rabaseda tuvo el acierto de incluir el fragmento inicial de la película L'inferno (1911) de Francesco Bertolini. 

Liliana. Esta sección está dedicada a la colaboración entre Apeles Mestres y Granados, dos amigos que "defendían los íntimos vínculos entre poesía y dibujo, pintura y música, arte y creación, a partir de una apología de la naturaleza. Liliana es el libro objeto que culminó esta estética preciosista" y marcó el fin de la colaboración entre Granados y Mestres, un panteísta e independentista que padecía una grave agorafobia que le impedía disfrutar de esa naturaleza que tanto amaba e intentaba proteger de las agresiones del hombre. Esta sección central es la más amplia de la exposición y la articula. a la vez que ofrece a los visitantes la rara oportunidad de contemplar los extraordinarios y alucinantes dibujos simbolistas de Mestres que no disimulan su agresivo ecologismo. 

Tartana. "En el verano de 1915 Granados se hizo construir una cabaña en medio de un paisaje" próximo a la finca de su amante Clotilde Godó, un lugar apacible para componer la ópera Goyescas. Le llamó La tartana. "El taller del compositor se había convertido en una arquitectura de jardín, una ventana abierta al olor fresco y evocador de las frutas y las flores." Las siete piezas de esta sección, impregnada de olor de limonero (cada sala tiene su olor), son auténticas joyas, entre las que personalmente destaco el manuscrito de la partitura de la ópera María del Carmen en el que Granados utiliza cuatro colores de tinta para discriminar los tres grupos instrumentales y las voces. 

Gesto. Las estrategias productivas de Granados se basaban en su profundo conocimiento de los avances tecnológicos. "Su inquietud por el progreso se debía a la conciencia del valor de la proyección pública de uno mismo." De ahí su extremo cuidado en la confección de sus retratos fotográficos, su vigilancia del aspecto gráfico de sus partituras, y la meticulosa planificación de sus grabaciones. "Lejos de la imagen de músico romántico y regional, Granados fue un ciudadano cosmopolita que hablaba francés y cruzaba Barcelona en moto."

Goya. En esta sección -ambientada por el perfume Maja de Myrurgia de 1921- en la cual tenemos la oportunidad de admirar tres dibujos goyescos de Enrique Granados (1916) junto a obras de Goya y Ramón Casas, fotografías de Granados relacionadas con Goyescas, y un bellísimo y revelador dibujo de Alfredo Guidó: Tórtola Valencia como maja semidesnuda (1916). 

Un complemento esencial de la exposición es el breve catálogo -56 páginas- de la misma, con textos de Joaquim Rabaseda, Margarida Casacuberta, Rossen Arqués, Marta Robles Massó, Jaume Aiats y Juan F. Campo, quienes ofrecen -al igual que la exposición- una perspectiva nueva sobre el artista, tan fresca y evocadora como los perfumes de la exposición. 

El mensaje principal de Granados, de París a Goya lo sintetiza magistralmente Jaume Aiats: "No hay música sin gesto [...]. Tal vez la música no es más que la memoria sonora de un gesto corporal, del gesto preciso del artista. Tan preciso en el gesto de conducir la moto como al articular el matiz sutil sobre las teclas. Tan revelador en la vida privada de la persona como en el trazo del dibujo o en el movimiento memorable del actor."

Tras mi detallada visita a la exposición no eché de menos al "pianista y/o el piano", pero salí ratificado en mi imagen interior de Granados como dandi, porque -como dice Aiats "para Granados, el gesto es el artista. Es su poder de encantador, del moderno hombre charmant que ahora llamaríamos comunicador, sea cual sea la disciplina en que se especializa."

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