Sé que nunca leeré, y menos escribiré, la reseña de un concierto excelente. Cualquier red que tejes con letras con el fin de atrapar su misterio resulta tan inútil como intentar guardar un rayo de sol en una caja de cartón. Vencido, al final sólo puedes admitir tu derrota repitiendo en voz baja esa onomatopeya semejante al rugido de un animal que gritaste en el auditorio mientras quemabas tus manos con aplausos: ¡bravo!Los defectos de una interpretación son los únicos que admiten cuerpos de palabras oscuras y feas como insectos que aplastas sobre una hoja de papel. Los residuos de la música escuchada que no ha alimentado tu cerebro y que ahora expulsas a través de la orina de un bolígrafo: "Desafinaron en ese compás" o "en la coda no iban juntos". "Demasiado lento", o tal vez, "demasiado rápido". Es más, incluso puedes…
Comentarios