Bajo la alfombra de Enrique Granados

4] ¿Acaso Liliana y Ondina se bañaban en La Font del Gat?

Xoán M. Carreira

viernes, 3 de noviembre de 2017

La sede madrileña de la  Fundación Juan March ofrece desde el 6 de octubre de 2017 la exposición William Morris y compañía: el movimiento Arts&Crafts en Gran Bretaña -comisariada por Joanna Banham, Pat Kirkham y Karen Livingstone- que permanecerá abierta hasta el 21 de enero de 2018.

Tras su clausura, William Morris y compañía se trasladará a Barcelona, donde será expuesta en el Museu Nacional d'Art de Catalunya  entre el 22 de febrero y el 21 de mayo de 2018. El espléndido catálogo de la exposición, editado por Manuel Fontán del Junco y María Zozaya Álvarez, contiene una muy atractiva selección de artículos firmados por ya mencionados J. Banham, M. Fontán del Junco, P. Kirkham, K. Livingstone y M. Zozaya Álvarez, y de Mariángels Fondevila, Jennifer Harris, Jan Marsh, Clive Wilmer y Francesc Quílez Corella. Este último, conservador jefe del gabinete de dibujos y grabados del Museu Nacional d'Art de Catalunya, es el autor del artículo “La incidencia del movimiento Arts & Crafts en el arte gráfico de Cataluña”, incluido en este catálogo cuya lectura no dudo en recomendar vivamente.

Quílez se centra en la deslumbrante figura de Alexandre de Riquer (1856-1920), ilustrador, pintor, decorador, grabador, esmaltista, cartelista, encuadernador, ex-librista, poeta y coleccionista de arte al cual debemos una parte nada pequeña de la imagen de la Barcelona más cosmopolita. Quílez explica que el modernismo pictórico barcelonés es el resultado de la hibridación del “movimiento prerrafaelita y el ideario del movimiento Arts&Crafts” a consecuencia de la cual “la confusión, en términos teóricos y prácticos, existente entre ambos movimientos siempre estuvo muy presente, sin que los artistas fueran capaces de diferenciar y depurar la filiación de cada uno de ellos.” En el caso de las artes gráficas esta hibridación es aún más acusada y “condujo a la aparición de un repertorio gráfico muy heterogéneo, basado en un uso heterodoxo de las fuentes. La cultura visual de estos artistas se nutrió de dos fuentes principales: el arte francés, convertido en una amalgama de corrientes -simbolismo, japonismo, decadentismo y art nouveau-, y una actitud abierta a la incorporación de las novedades procedentes de Inglaterra, canalizadas a través” de los movimientos prerrafaelita y Arts&Crafts.

En la conclusión de su artículo Quílez destaca la aportación al desarrollo de las artes gráficas en Barcelona del poeta, dramaturgo, dibujante, grabador y músico Apel.les Mestres, “un artista contradictorio, a la vez que polifacético, cuya producción vino definida por una conexión con el imaginario popular, traducida en relatos legendarios y cuentos medievales, y por la recuperación de todo un bagaje cultural alejado del cosmopolitismo afrancesado de los artistas modernistas más conspicuos. Sin embargo, esta especie de actitud bohemia y anarquizante, que le llevó a mostrarse refractario a integrarse en movimientos corporativos, de naturaleza gregaria, y a no asumir el papel de liderazgo de una corriente artística heterodoxa, hicieron de él un creador original y un referente para muchos de los artistas de su tiempo que vieron en él un ejemplo de una trayectoria coherente y muy singular.”

Sin duda alguna, Enrique Granados fue el más relevante de esos artistas que compartieron la actitud de Mestres. Ambos eran creadores heterodoxos y multidisciplinares, dotados de inagotable originalidad que, en la próspera década de 1900, pusieron al servicio de una renovación radical del teatro musical en catalán: Picarol (Teatro Tívoli, 23 de febrero de 1901), Follet (Gran Teatre del Liceu, 4 de abril de 1903), Gaziel (Teatro Principal, 27 de octubre de 1906), Liliana (Palau des Belles Arts, 9 de julio de 1911) y Elisenda (Sala Granados, 7 de julio de 1912). Como escribe Marta Robles Massó en el catálogo de la exposición Granados de París a Goya,”la amistad entre Enric Granados y Apel.es Mestres, así como la tipología de obras que surgieron de su colaboración artística, ejemplifican las divisas máximas del Modernismo del cambio de siglo: la disipación de las fronteras entre las distintas artes y la voluntad de lograr el llamado arte total.” Robles demuestra con argumentos y documentos la prolongada e íntima amistad entre Granados y Mestres a lo largo de casi veinte años, así como la comunión espiritual y estética de ambos artistas, reflejada en las dos canciones catalanas de Granados-Mestres: La boyra (1900) y Cansó d'amor (1902).

Ambas exposiciones -Granados y Morris- coinciden en su interés por Liliana, “una de las más bellas de autoría compartida que dieron a conocer en público Mestres y Granados” según escribe Robles antes de recordarnos que el poema Liliana (Vilanova i la Geltrú: Oliva, 1907), con sus setenta y ocho dibujos en tinta china, es “un libro conceptuado como una obra de arte por la bibliofilia especializada en el Modernismo”. En su nueva versión como episodio lírico-dramático musical, Liliana se estrenó con enorme éxito en el marco de la VI Exposición Internacional de Arte de Barcelona de 1911, con libreto y vestuario de Mestres, música de Granados, escenografía de Maurici Vilomara, Ricard Moragas y Salvador Alarma, cuerpo de baile, un coro dirigido por Paula Pàmies y una muy amplia orquesta dirigida por Jaume Pahissa.

Robles concluye su estudio afirmando que en Liliana “Mestres coloca la Naturaleza por encima de la obra malévola y destructiva de la humanidad. Efectivamente, la bondad natural acabó venciendo la barbarie bélica causada por la maldad de los hombres: el mar no engulló la obra de Granados y su recuerdo pervive más vivo que nunca.”

Esta positiva perspectiva de los historiadores del arte y los críticos culturales contrasta con la mirada estándar de  los musicólogos sobre el teatro musical de Mestres-Granados que tiende a ignorar los valores artísticos, culturales, literarios, plásticos e incluso musicales de esta prolongada y fructífera colaboración. En su biografía de referencia de Granados, Walter Aaron Clark1 niega el carácter teatral de Elisenda y afirma que Gaziel y Liliana no “pueden considerarse verdaderas óperas [pues] contienen, además de canciones, diálogos hablados”, lo cual es tan cierto como que ni Mestres ni Granados pretendieron jamás que estas obras fuesen óperas. Según Clark, “Una de las características de sus piezas teatrales es que no puso el énfasis en la interacción dramática entre los personajes sino en los personajes mismos. Su mayor preocupación fue la de realzar la individualidad de dichos personajes a través de medios musicales.” A la vista de estas valoraciones me pregunto si el Dr. Clark tendrá noticia de unas óperas tituladas Parsifal y Pélleas et Melisande.

Tras negar el valor dramático-musical de las obras de Mestres-Granados, Clark aborda el diagóstico estético, cultural y estético de las mismas: “Los elementos que caracterizan a estas obras como modernistas son 1) el énfasis en la naturaleza, 2) el ambiente medieval idealizado y 3) un estilo musical centroeuropeo enmarcado dentro de la tradición tardorromántica de Wagner y Liszt, con referencias esporádicas a la canción catalana. Llama la atención que, aunque teóricamente Granados pretendía promover el nacionalismo catalán en sus obras, no se encuentran referencias a los personajes, leyendas o hechos históricos de Cataluña en ellas.”

Al contrario que sus colegas especialistas en arte y crítica cultural, el Dr. Clark prescinde de argumentos y pruebas documentales y se limita a presentar proposiciones no siempre pertinentes y rara vez relevantes. Si se tratase de una charla de café, es muy probable que algún contertulio etiquetase estas proposiciones de Clark como “ocurrencias”, en el contexto de esta serie Bajo la alfombra de Enrique Granados prefiero denominarlas opiniones subjetivas. Como consecuencia de este desprecio radical por las convenciones y protocolos científicos, Clark describe así Liliana: “Mestres publicó su poema Liliana en 1907 acompañado de sus propias ilustraciones. En palabras de Curet, 'es un canto inspirado a la madre naturaleza en el que aparecen multitud de hadas, sílfides, gnomos, espíritus y un bosque encantado'. Años después, Mestres adaptó Liliana al teatro y Granados la musicalizó. […] Si Faust fue la fuente de inspiración para Gaziel, Undine [de E.T.A. Hoffmann (1816)] proporcionó el modelo" para Liliana.

Notas

Walter Aaron CLARK, "Enrique Granados. Poeta del piano", Barcelona: Editorial de música Boileau, 2006, capítulo 6

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