Herbert Blomstedt celebró su noventa cumpleaños como “¡un día sin ensayos!” (sus declaraciones a la radio alemana), en medio de un año de celebraciones durante el cual, en lugar de los ochenta conciertos de costumbre no le queda más remedio que dirigir noventa, como si cada concierto fuera una velita por año vivido. Hace un tiempo sufrió una caída que lo obligó a dirigir sentado por un tiempo. No así en su última presentación en Londres al frente de la Gewandhaus de Leipzig. Dirigió parado y sin mirar partituras.
A los ochenta y pico, Karl Böhm era un saco de papas sentado al podio con pocos movimientos, pero mucha atención para de vez en cuando elevarse para enfatizar algo con aire autoritario. A la misma edad, Karajan era todavía ágil pero tieso y excesivamente hierático en sus gestos de Júpiter olímpico. Blomstedt es todo lo contrario.…
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