Hay obras envueltas en un misterio que, a pesar de las pesquisas de los investigadores, permanecen encerradas en un halo impenetrable. Lucio Cornelio Silla es a buen seguro la obra más desconocida de Händel, no solo porque contara con una única grabación discográfica relativamente reciente (2000), sino porque se desconoce el detalle de su creación y hay dudas incluso de si se llegó a estrenar en 1713, año de composición. Los manuscritos que han sobrevivido están incompletos, lo que ha dificultado su reconstrucción. Y no hay noticia de funciones, más allá de la hipótesis razonable, aunque no exenta de dudas, de que fuera compuesta para homenajear al nuevo embajador francés en Londres, el duque de Aumont. Lo apoyaría el hecho de que no se conozcan representaciones públicas y de que gran parte de la música terminara en otro título, Amadigi…
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