Tal vez sea un detalle menor pero no lo es. El buen concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica de Salta bajo la la musical batuta de Yeny Delgado comenzó con un inmerecido poco público. Esta es la temporada décimo séptima desde la fundación del magnífico organismo orquestal con que cuenta la Provincia y el público habitué se ha visto últimamente ofendido por el ingreso irrestricto de personas, generalmente jóvenes, que llegan en cualquier momento luego de las 21.30, el tradicional horario de la Sinfónica y dejan la impresión de “hagamos tiempo y escuchemos un ratito a ver de qué se trata”. Incluso donde yo me encontraba llegaron cuatro adolescentes durante los veinte últimos compases de la sinfonía de Chaicovsqui rompiendo el hechizo de su música y sus significados. Que la disciplina de permitir el ingreso entre obras, durante los…
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