Bajo la alfombra de Enrique Granados

8] Se han quedado viendo visiones con mi quinteto

Xoán M. Carreira

viernes, 1 de diciembre de 2017

La decisión de Jesús de Monasterio de abandonar su actividad concertística en beneficio de la docente condujo a la disolución en enero de 1894 de la veterana Sociedad de Cuartetos de Madrid*, dejando vacío un nicho para los conciertos de música de cámara que fue ocupado poco tiempo después por la Sociedad de música clásica di cámera que debutó a fines de noviembre de 1894. La nueva agrupación estaba formada por jóvenes concertistas en el inicio de su carrera: el violinista Julio Francés y Rodríguez (1879-1944), el pianista José María Guervós y Mira (1870-1944) y el joven violoncelista Pablo Casals (1876-1973), quienes contaron con la colaboración del violinista Peraita y el también joven viola Feliciano Cuenca Vidal, activo desde 1889 bajo la protección de Monasterio*. El quinteto ofreció cinco conciertos en otros tantos viernes con los siguientes programas*:

1. ¿30? de noviembre de 1894. Cuarteto de cuerdas nº 4 en si menor op 44, 2 de Felix  Mendelssohn, la Sonata nº 1 en re mayor para violoncelo y piano op 18 de Anton Rubinstein y el Quinteto en mi bemol mayor para piano y cuerdas op 44 de Robert Schumann. 

2. 11 de enero de 1895. Cuarteto de cuerda de Joseph Haydn. Sonata para piano en la menor D. 845 de Franz Schubert. Cuarteto de cuerdas en sol menor op 25 de Johannes Brahms.

3. 18 de enero de 1895. Cuarteto de Ludwig van Beethoven. Cuarteto de Robert Schumann. Trío para cuerdas y piano ¿en mi bemol, D. 929? de Franz Schubert.

4. 25 de enero de 1895. Cuarteto nº 1 en re menor de Juan Crisóstomo Arriaga, la Sonata para piano y violonchelo nº 1 en si bemol op 45, de Felix Mendelssohn. Quinteto con piano en sol menor de Enrique Granados.

5. 1 de febrero de 1895. Cuarteto en sol menor op 27 de Grieg. Sonata en sol para violín y piano op 13 de Anton Rubinstein. Gran Trío en si bemol op 97 de Ludwig van Beethoven.

En Madrid, a semejanza de muchas ciudades occidentales durante la Belle Époque, se produjo un florecimiento de todo tipo de locales dedicados a la actividad musical y músico-teatral, desde los más modestos cafetines hasta los más lujosos auditorios. El 30 de abril de 1884 se inauguró el Salón Romero, ubicado en los locales del antiguo Café Capellanes, que había sido espléndidamente restaurado por el editor Antonio Romero y Andía para el doble uso de almacén de música y sala de conciertos con capacidad para 600 espectadores. Publicitado como el mejor local de conciertos madrileño, allí desarrollaron sus actividades el Instituto Filarmónico del Conde de Morphy, tuvieron lugar las once últimas temporadas (1884-1894) de la Sociedad de Conciertos de Jesús de Monasterio y la primera (¿y única?) temporada de la Sociedad de música clásica di cámera. El 15 de febrero de 1895 estaba previsto el debut como pianista de Granados tocando un programa monográfico de sus composiciones junto con Francés, Peraita, Cuenca y Casals. Finalmente, el concierto se celebró el 22 de febrero con el siguiente programa: Quinteto con piano en sol menor, las Danzas españolas 1-3 y el estreno de los Valses poéticos, un Impromptu y una Balada para piano, y en la tercera parte el estreno del Trío con piano en do mayor*.

Granados conocía bien el repertorio de Klavierquintett gracias a su intensa experiencia como pianista de la Tertulia Filarmónica de Barcelona, creada por el círculo intelectual de Joan Maragall, la cual celebraba dos veces al mes conciertos del quinteto con piano formado por los violinistas Sánchez y Clariana, el violista Giménez, el violonchelista García y el pianista Enrique Granados quienes interpretaban tríos, cuartetos y quintetos de Haydn, Mozart, Beethoven y otros autores del área germánica*. La Tertulia Filarmónica fue también la organizadora del concierto de presentación de Enrique Granados en el Teatro Lírico de Barcelona el 20 de abril de 1890, en el cual interpretó obras de Beethoven, Bizet, Chopin, Mendelssohn, Mozart, Saint-Saëns y Schubert y algunas de las obras compuestas durante su estancia de estudios en París: Arabesca, Serenata española y una selección de las recién publicadas Danzas españolas. El concierto fue elogiado por Climent Cuspinera i Oller en una crítica publicada en el Diario de Barcelona (22 de abril de 1890) en la cual figuran referencias elogiosas a las obras de Granados anteriores a su estancia en París*.

Es posible que el Quinteto en sol menor de Granados esté relacionado con la Tertulia Filarmónica pero no tenemos evidencia alguna al respecto sobre ello, salvo que se trata de un proyecto gestado en Barcelona hacia 1894 que Granados se llevó consigo en otoño de ese año a Madrid donde la Sociedad de música clásica di cámera le ofreció la oportunidad de estrenarlo con una discreta atención por parte de la crítica musical madrileña. 

Salón Romero

Gran atractivo tenía la velada de música clásica que anoche se verificó en el Salón Romero, pues en ella se había de dar á conocer una obra de un compositor español. Quizás esta circunstancia hizo que fuera mayor la concurrencia que asistió al precioso local de la calle de Capellanes. La primera parte del programa estaba consagrada á Arriaga, de cuyo maestro se tocó un delicioso cuarteto en re menor para instrumentos de arco. A continuación, los Sres, Casáls y Guervos ejecutaron magistralmente la sonata en mi bemol (op. 45), de Mendelssohn. En esta obra los jóvenes pianista y violoncellista hicieron prodigios de ejecución delicadísima arrancando á las cuerdas las frases inspiradas del gran compositor, con una limpieza exquisita.

Finalizó la sesión con el estreno de un quinteto en sol menor, original de D. E. Granados. De tres partes consta la obra; un allegro de valiente expresión, que fué ruidosamente aplaudido; un andantino en que todos los instrumentos van repitiendo una misma frase, esfumándola hasta perderla en el tema del acompañamiento, y un final molto presto, cuyas notas le dan á veces carácter de marcha solemne. Al terminar el segundo tiempo, que fué repetido, y á la conclusión de la obra, el Sr. Granados tuvo que presentarse varias veces á escuchar los aplausos del público. Compartieron la ovación con el autor de tan notable quinteto los Sres. Guervós, Francés, Peraita, Cuenca y Casáis.

La sexta y última sesión de música clásica da camera se verificará el viernes próximo ...*

Salón Romero

La quinta sesión de música clásica verificada anoche en el Salón Romero fué notabilísima, ofreciendo el programa la circunstancia poco frecuente de que estuviese formado casi por completo con obras de compositores españoles. Exceptuando la hermosa sonata en si bemol de Mendelssohn (en la cual el Sr. Casals demostró lo mucho que vale, secundado admirablemente por el Sr. Guervós), todo era español en el programa: autores y ejecutantes; y esta circunstancia atrajo, sin duda, al público y el concierto se vio más concurrido que los anteriores.
El cuarteto en mi menor de Arriaga fue escuchado con el agrado de siempre y aplaudida la interpretación que obtuvo; pero donde el entusiasmo de la concurrencia alcanzó mayor altura fue en el quinteto en sol menor, del joven compositor Sr. Granados, obra muy inspirada, hecha con gran libertad de procedimientos, y que demuestra en su autor serias disposiciones para el arte musical. El primer tiempo se aproxima, más que ninguno de los otros dos, á los modelos clásicos, en lo concerniente á la forma de la exposición y su desarrollo, aunque la marcha de la modulación se presente sin el rigor observado en los autores que pueden citarse como dechados. El segundo y el tercer tiempo son totalmente libres en su forma. Aquél está impregnado de tan dulce poesía, que parece inspirado en una égloga de Garcilaso; el último, lleno de calor y pasión, tiene una frase encantadora del violoncello, lánguida como un canto popular, en medio del ritmo violentísimo de un molto presto.
La obra del Sr. Granados revela, pues, a un compositor distinguidísimo, del cual hay derecho a esperar mucho, y á quien sinceramente felicitamos, haciendo nuestros los aplausos que unánimemente se le tributaron anoche*.

Salón Romero. Un quinteto de Granados

Los jóvenes cuartetistas continúan sus sesiones con los mismos bríos y entusiasmos que las comenzaron.
Inició la sesión de anoche el Cuarteto en Re menor, para instrumentos de arco, del Mozart español, Juan Crisóstomo de Arriaga. La ideal pureza de aquel estilo, púsola de manifiesto el Sr. Francés, secundado por sus partenaires Peraita, Cuenca y Casals. Es imposible dejar de consignar la delicadeza y corrección con que dijeron todo el cuarteto. A instancia del público tuvieron que repetir el minuette.

La sonata en si bemol para piano y violoncello, de Mendelssohn, fue primorosamente interpretada por los Sres. Guervós y Casals. Dijéronla con pureza y corrección, armonizándola con facilidad y la expresaron con un sentimiento exquisito.

Constituía la novedad del programa, ocupando la última parte, el quinteto en sol menor para cuerda y piano, de nuestro compatriota el joven maestro Enrique Granados, compositor que comienza á abrirse camino en España. Esta obra demuestra una instrucción extensa u originalísima, una imaginación fecunda en combinaciones armónicas, mucha firmeza en el manejo del contrapunto, ofreciendo el interés repartido entre los diversos instrumentos, sin que ninguno lo absorba sistemáticamente. El quinteto en sol menor acusa perfectamente la fisonomía artística de su autor, a quien Massenet denomina el Grieg español.

La obra de Granados pertenece a lo que muy bien pudiera llamarse la música moderna di camera, por apartarse de la aparente sencillez de medios y recursos empleados por Haydn y Mozart; pero si el compositor español no se sujeta en este género de música á más patrón que el del número y distribución de los tiempos, y dentro de ellos ensancha los antiguos moldes para que luzca con más libertad su brillante inspiración, no por ello será justo censurarlo. Haydn, Mozart y Beethoven son los clásicos del cuarteto, y por ello merecen el aplauso de la crítica. Pero no debe elogiarse por sistema lo antiguo. Los compositores de hoy están en mejores condiciones para producir lo bueno que los de ayer. Además de sus luces naturales, tienen los moldes que les han legado sus predecesores; tienen una armonía muy adelantada; tienen todo lo que es procedimiento y arte maravillosamente hecho v fácil de ser imitado, como se imita todo lo que es arte y procedimiento. Buena prueba de ello son Brahms, [Robert] Radecke, [Friedrich] Gernsheim, Dvorak, Saint-Saëns, [Wilhelm] Taubert, etc.

Dentro este género tiene la obra de Granados fondo y marco adecuados. Está dividida en tres tiempos: el allegro sirve de magnífica introducción al quinteto; pero donde el numen del compositor brilla en todos los esplendores del arte, es en su allegreto cuasi andantino y en el molto presto, tiempos llenos de inspiración, de colorido y de poesía.  Fue interpretado con tal calor y tanta pureza que el público no pudo menos de hacer repetir el allegreto, saludar al maestro Granados, que salió a escena conducido por el Sr. Francés, y premiar con grandes aplausos á los Sres. Guervós, Francés, Peralta, Cuenca y Casals*.

[Antonio] Guerra y Alarcón* 

La correspondencia entre Enrique Granados y Amparo Gal*, su esposa, es una espléndida fuente de información sobre el proceso productivo del Quinteto en sol menor, desde los preparativos de los ensayos hasta su estreno:

26/09/1894. Uno de estos días probaremos el Quinteto en sesión interna.

29/09/1894. Uno de estos días mi camarilla quiere reunirse en un taller de un pintor muy bueno de aquí que me lo presentaron y no se como se llama, es profesor de la Academia de San Fernando, etc. Quiere reunirse, digo, para probar el Quinteto, que no es entusiasmo el que ha causado: se han quedado viendo visiones.

16/10/1894. Anoche hemos probado mi Quinteto, lo han tocado Hierro, 1º, Agudo, 2º, [Rafael] Gálvez, v. y Calvo, chelo. Lo llegamos a descifrar mucho, les ha gustado enormemente […] un duro de cerveza que costó leer el Quinteto.

s.d./10/1894. En breve combinaremos una sesión para la cual Navas dejaría un piano de cola, para tocar el Quinteto, además sería en el estudio de Sentoben que es de la familia de Canalejas y vive con ellos.

s.d./10/1894. El Quinteto resulta de primera. El sábado volvemos a probarlo, lo estudiaremos bien. [Carta a Francisco Gal, su suegro]

s.d./10/1894. Sé que Albéniz le ha hablado muy bien a [Guillermo] Morphy de mi Quinteto, este último me ha dicho que arde en deseos de oírlo.

27/10/1894. Mañana por la mañana voy a casa de Morphy porque hay cuarteto y muy fácil que probemos el Quinteto.

28/10/1894. Llego en este momento de casa de Morphy donde he pasado el día. El Quinteto les ha gustado de una manera grande. [Tomás] Bretón me ha hecho la parte de viola, ¿qué te parece?

s.d./01/1895. Este Guervós no es tal opositor, no hace las oposiciones, ¿sabes? Por lo demás que toque mi Quinteto “La Sociedad de Cuartetos” es una gloria para “Grieg”, ¿entiendes cielo? Y me [...] para mi concierto.

s.d./01/1895. Esta mañana he estado dirigiendo el ensayo de mi Quinteto. Dentro de seis u ocho días empezará la propaganda del concierto.

19/01/1895. Hoy se anuncia al público que en la sesión de cuarteto venidera, o sea el viernes que viene, se dará a conocer un Quinteto de un autor Español ¿sabes quien es? Ayer me llegué (para dar un descanso a mi cuerpo que llevaba 9 horas de trabajo) al Salón Romero, pues había concierto. Hubierais visto todas mis obras expuestas en el sitio de honor. Las vieron todos los concurrentes.

23/01/1895. Ya te dije en carta anterior que mi Quinteto se había aplazado para el próximo viernes, puedes contar que sabrás enseguida el resultado. […] Si supieras lo bien que me vienen los ensayos del Quinteto, pues me servirán para mi concierto.

24/01/1895. ¡Si vieras qué desconocido está el Quinteto! Qué hermoso es, yo bien sabía que era de efecto, ¡pero aquellos lo tocaban tan mal! […] ¿Pero por qué me escribes hace ya dos días diciéndome que no te digo nada del Quinteto, cuando el domingo ya creo que te decía que lo habíamos dejado para este viernes?

25/01/1895. Mira el programa. El  primer cuarteto es de Arriaga, autor del tiempo de Mozart, murió hace cien años, era un talentazo. El segundo número como verás es Mendelssohn y luego yo, tu Grieg. El primer número de hoy tenía que ser Grieg pero no ha habido tiempo de acabarlo pues mi Quinteto lo ha impedido.

26/01/1895. Anoche he tenido el éxito más grande de mi vida. Ha sido una verdadera noche de gloria, de gloria de verdad. ¡Figurar en los cuartetos del Salón Romero! ¡Ver mi nombre entre los de Mendelssohn!. El éxito de anoche no es más que un principio de lo que ha de venir. Me lo han dado espontáneo y tal como me lo dieron te lo ofrezco lleno de amor y de idolatría a ti. Hubo un momento en el que no me entendía de felicitaciones, gente que no me conocía venía a abrazarme diciendo: “¡Esto no se escribe hoy! ¡Aquí no hay nadie capaz de emprenderlo!” ¡Yo mientras tanto besaba tu sortija que tan compañera mía ha llegado a ser! ¡Les ha caído como una bomba! Quiero dar mi concierto el 8 del mes entrante si no hay inconveniente. Toma vida mía, mi vida y mi todo ¡Cuánto te quiero, bien mío! Querido viejito, ¡estoy más contento! Qué éxito más bonito. Como es el primero de mi vida me parece mentira, esto me prepara muy bien para mi concierto. […] Mando unos recortes de los periódicos de la mañana, pero Guerra que no sale hasta esta noche, me ha dicho que echa el resto. En el público imparcial hubo un entusiasmo como pocas veces, y al verme salir, más, pues todos decían: ¡qué joven! Pero los inteligentes (que no tuvieron otro remedio que aplaudir) parece que alguno dijo que yo era demasiado modernista y que me iba de la forma antigua clásica, que hacía como Brahms y Schumann, que era un poco desigual de factura. Ni siquiera sabían lo que decir, estaban ofuscados, Guerra* me ha dicho que contra eso suelta él algo en El Heraldo. Veremos luego esta noche. Por ahora mando lo que ha salido.

28/01/1895. ¿Habéis leído El Heraldo*? ¿Sabéis contra quién va? Contra lo que dice El Globo* que como veréis es el único. ¡Qué mal les ha caído el Quinteto a algunos maestros! […] El Marqués de Inestrillas*, o sea el conde a quien me presentó el padrino, no faltó a mi Quinteto, pues yo le puse una tarjeta finísima y delicada. Me vino a abrazar al cuarto de los artistas. Guerra me presentó a los marqueses de Vivel*, irán a mi concierto todos. Entró en el cuarto la mar de gente que decía: “Yo no le conozco pero quiero apretarle las manos.” […] ¡¡¡La primera vez que se tocaba en el Salón R. una obra de “música de cámara” de compositor español vivo!!! Eso decían por todo el salón los concurrentes. Ha sido el triunfo más grande de mi carrera. ¡¡Cuántas envidias me traerá, y algún disgustillo!

27-31/01/1895. Su Alteza Real la Infanta Isabel me ha mandado visita especial por el profesor de Palacio, a felicitarme por mi obra […] Ha entrado [Emilio] Serrano diciendo: “Esta visita no me la agradezca Ud. a mí, vengo expresamente y por orden de S.A: a darle el parabién por su éxito. Me ha dicho que no pasara de hoy, y quiero cumplir su mandato.” […] Y que S.A.R. había dicho que esperaba la primera ocasión para oír mi Quinteto.

s.d./01/1895. A pesar que por la carta de hoy no mereces mimos, me has escrito una hace dos días que nunca podría yo esperarlo, pero pronto se te han acabado los bríos para decirme cosas tan ricas como dices en ella. Tendré que estrenar un Quinteto cada día para que me quieras mucho.

17/04/1895. He estado con Casals más de hora y media. Ha quedado a matar con Francés, pues este les ha hecho una cochinada atroz. Figúrate que les dice que los de Bilbao les ofrecían 14 mil reales y luego resulta que él se guardaba 2 mil más, esto es, que eran 16 mil. Lo descubrieron dos días antes de venir y lo pusieron como un trapo. Y lo bueno es que ha aguantado el chaparrón y se ha quedado con los 2 mil reales en cuestión. En una palabra, que les ha estafado 2000 reales. Conque ya ves qué bien me viene a mí. Hoy por la mañana he estado mucho rato en casa de Morphy y dice que se ha perdido una gran ocasión, pero que verá si puede hacer algo ahora. Que la Reina está muy preocupada con la pérdida del crucero [Reina Regente]. De todas maneras yo, pasado mañana vuelvo y no lo dejo de la mano. Y en cuanto me manden las Danzas me presentaré yo solo a la Infanta y entonces se recrudecerá lo del Quinteto, y lo que haría (por más que costaría reunirlos) sería dar un par de ensayos con otro violín, pero el que entre uno nuevo es lo mismo que si entraran todos. Y si no que fuera tocar solo yo, qué caramba.

25/04/1895. Por si fuera posible hacer el concierto de Palacio, hace ya muchos días que hablé con los chicos y están dispuestos a tocar, ahora que con Francés no podemos contar, pero en su lugar podríamos contar con Hierro que es mejor, pues Bordas no confío mucho en él.

27/04/1895. Mañana quiero ir a Palacio, le recordaré a S.A. lo del Quinteto.

28/04/1895. Los del Quinteto están avisados, pero no desde el día que te lo dije.

El 30 de enero de 1895 Rafael Mitjana escribió a Granados interesándose por sus progresos profesionales, entre otras cosas le solicita "una larga carta, con música, en la cual me expusieras las ideas del Quintetto y me explicaras su contextura, muy bien me vendrá, para decir algo de él en Pro Patria."* Efectivamente, el número de febrero de la revista Pro Patria publicó un artículo de Mitjana con una descripción morfológica del Quinteto en sol menor, probablemente redactada a partir de un texto de Enrique Granados que no conocemos. El artículo de Mitjana, reproducido íntegramente por Perandones*, se inicia en un estilo hiperbólico que denota la intención promocional del mismo:

El Quintetto en sol menor es una composición de notorio valor y de verdadera originalidad. El artista que escribe de tal modo demuestra claramente que es un temperamento musical extraordinario. Sin romper los moldes habituales de este género artístico, Granados ha sabido ser nuevo y atrevido, a la vez que en las ideas, en su desarrollo. Desde luego sorprenden los ritmos variados e imprevistos de los distintos temas melódicos que informan las tres partes de que consta la obra.

La segunda interpretación del Quinteto en sol menor, con Granados al piano, recibió mayor atención por la prensa madrileña que con ocasión del estreno. Las recensiones varían desde la convencional crónica del evento social hasta el indisimulado panfleto publicitario.

Notable por más de un concepto fué el concierto dado por el joven compositor y pianista D, Enrique Granados. El programa se componía todo de obras originales de dicho concertista. El quinteto en sol menor para piano e instrumentos de cuerda, fué primorosamente ejecutado; la parte de piano por el propio autor, la de los violines por los seres Francés y Peraita, la de viola por el Sr. Cuenca y la de violoncello por el señor Casáls. A instancias del auditorio se repitió el allegretto.

Después ejecutó el Sr. Granados variadas piezas escritas para piano. Entre ellas, merecen especial mención tres danzas españolas tituladas Valenciana, Andaluza / Villanesca y unas bellísimas páginas de álbum, Valses poéticos. Estos últimos produjeron indescriptible entusiasmo, hasta el punto que su autor tuvo que repetirlos entre murmullos de aprobación. A la conclusión de esta parte y en vista de los insistentes aplausos del público, volvió el señor Granados a sentarse al piano y tocó otras dos nuevas danzas españolas que produjeron las mismas muestras de entusiasmo. Puso fin al concierto el trio en do mayor, que ejecutaron con tal perfección los señores Granados, Francés y Casals, que de los cuatro tiempos de que consta se repitieron dos, el scherzetto y duetto*.

El anónimo crítico de El Día nos proporciona interesantes juicios técnicos sobre el modo de tocar el piano de Enrique Granados:

El público que acude a las sesiones de música clásica pudo juzgar anoche el mérito que como compositor y concertista tiene el Sr. D. Enrique Granados, quien figura ya entre los artistas de más brillante porvenir y que más han de honrar el arte musical español. Un quinteto, ya oído en las sesiones que la nueva Sociedad de Cuartetos ha dado este año; varias obras de piano, y un trío inédito para piano, violin y violoncello, todo original del joven compositor formaba el programa del concierto.

Del Quinteto ya hemos hablado cuando se estrenó, y el competente auditorio confirmó anoche su anterior e inapelable fallo, tributando ruidosos aplausos a cada uno de los tres tiempos en que está dividido, y haciendo repetir el segundo. Igual excelente éxito tuvieron las obras de piano, y alguna fué también repetida. Pero lo que más interesaba a los inteligentes era el nuevo Trío, que proporcionó a su autor una franca y ruidosa ovación, siendo repetidos dos de sus cuatro tiempos. El Sr. Granados empieza por donde otros acaban. Dotado de excelente sentido artístico, procura formar su estilo sin imitar servilmente a ninguno de los grandes maestros y teniendo en cuenta lo mismo la afición del público a la claridad en las ideas musicales, que la necesidad de buscar novedades en las combinaciones harmónicas.

En su música hay a veces la belleza melódica de Schubert ó de Grieg, a veces la brillantez de Bramhs, y marcada afición, sobre todo en los allegros finales, a los aires y ritmos de la música popular húngara, de que tanto partido han sacado Bramhs y Listz. Como pianista, el Sr. Granados probó tener, entre otras excelentes cualidades, una delicadeza de pulsación y un acierto en en el manejo de los pedales que dan singular finura y agradabilísimos matices a las obras que toca. Varias de sus composiciones de piano, publicadas en Alemania, no tardarán en ser populares en España*.

Antonio Guerra publica una nueva crítica del Quinteto seguida de una coda que parece redactada por el director del diario:

Salón Romero. Concierto Granados.

Un programa hermoso, una ejecución precisa y brillante, muchos aplausos, un público numeroso, apasionado y juez peritísimo en materia de música; resumen del concierto de anoche. Después de oírle no hay más remedio que poner erguida la figura del joven Granados entre la de los maestros, gloria del arte nacional. Es un compositor a la moderna, bien equilibrado. que se preocupa de la viveza del estilo, de la precisión del diseño melódica, de la brillantez del color.

Como pianista, basta oírle interpretar sus composiciones para apreciar sus cualidades. Con un instrumento difícil, como el piano, sabe elevarse á gran altura. Pertenece á esa pléyade, por desgracia muy contada, de pianistas que fían el éxito, tanto al alma, como a los dedos; que conmueven, al par que maravillan; que son artistas sinceros y poetas del instrumento, cuyas cuerdas hacen vibrar en las notas contenidas de la pasión, y que ocultan las mayores dificultades mecánicas vencidas con el dulce y atractivo velo del sentimiento.

Enrique Granados es muy joven. Si á su edad admira su gran instinto artístico, contemplando su fisonomía, la admiración se convierte en asombro: es un muchacho modesto y vivo á la vez; no hay en su rostro ninguna de esas huellas que deja en las frentes juveniles el esfuerzo intelectual; es un gran artista, sin dejar de ser joven.
Todas las obras que figuraban en el concierto eran originales de Granados. La primera que se ejecutó, el quinteto en sol menor para piano é instrumentos de cuerdas, es una composición bellísima. Hay movimiento en las notas, delicadas melodías en las frases, ora vigorosas, ora dulces, que esmaltan la composición, y el conjunto resulta armónico y elegante. El propio autor en el piano, los Srs. Francés y Peralta en los violines, Cuenca en la viola y Casals en el violoncello, se mostraron fidelísimos intérpretes de obra tan hermosa. Se repitió el allegretto.

En la segunda parte ejecutó el Sr. Granados varias obras de piano. Las Danzas españolas y los Valses poéticos hicieron prorrumpir al auditorio en aplausos delirantes. Las llamadas Danzas españolas son cuadritos de género español perfectamente hechos. Hay en todas ellas inspiración, galanura, primores de estilo, mucho encanto y genio nada escaso. Su autor las interpretó con singular acierto y maestría. A instancias del público hubo de repetir los valses poéticos, y a la terminación otras dos obras más.

Terminó el concierto con el trio en do mayor para piano, violín y violoncello. Los motivos de los cuatro tiempos de que consta, y la admirable manera como están desarrollados, colocan esta obra del compositor español entre las más preciadas que de este género se han compuesto en la actualidad. El autor y las Sres. Francés y Casals fueron intérpretes apropiados para tal obra. Se repitieron, entre atronadores aplausos, dos de los cuatro tiempos del trio, el scherzetto y el duetto.

Guerra y Alarcón

Conforme en absoluto y por completo con lo escrito por el ilustrado crítico musical Sr. Guerra, sólo puedo añadir un ramito de las flores que anoche prodigaban los que hoy han conquistado gran renombre en el arte de Mozart y Beethoven. Nos decía el Sr. Beaunitges, primer organista de la Capilla Real: «El trío hubiera podido firmarlo orgulloso, como capo lavoro, alguno de los gloriosos maestros del siglo XVIII.  El Sr. Bretón, al terminar el impromptu: Granados es un joven de mucho mérito, que tiene recorrida gran distancia en el camino del arte, que ha de llevarle muy lejos. El Sr. Francés, que como intérprete da la música di camera ha adquirido un nombra envidiable, preguntó al veterano virtuoso Sr. Monasterio: —¿Qué le parece á usted el quinteto? —Delicadísimo — contestó el maestro.—Fino, como su autor*.

S.

No menos entusiasta fue la crónica del Conde Morphy, mecenas de Albéniz y Granados:

Anteanoche tuvo lugar el concierto en que el joven artista D. Enrique Granados se dio á conocer, no sólo como distinguido y elegante pianista, sino como compositor de gran porvenir en un género difícil y poco cultivado por los compositores españoles. La primera parte se componía de un quinteto para piano é instrumentos de arco; la segunda, de varias piezas de piano, ejecutadas por el autor, y la tercera, de un trío para piano, violín y violoncello. Auxiliaron al Sr. Granados en la interpretación del quinteto y del trío, los Sres. Francés, Casals, Cuenca y Peralta, que fueron calurosamente aplaudidos, repitiéndose varios números del programa.

En otro país en que el arte tuviera la importancia que merece, el concierto de anteanoche hubiera sido un acontecimiento artístico. Como pianista y como compositor, el Sr. Granados se presenta con una personalidad que hace esperar un glorioso porvenir y no hay más que ver el corto número de compositores que tienen éxito en la música de cámara, para comprender la importancia de la aparición del nuevo compositor. Decididamente no me engañé al anunciar que había llegado para la música española el período de desarrollo que se inició para la pintura hace treinta años.

¡Adelante! Únanse los compositores jóvenes bajo la bandera de un ideal común, y bien pronto veremos la muerte del histrionismo y de los teatros por horas, y la victoria del arte verdadero*.

No he logrado consultar la crítica publicada en El Globo*, al parecer la única que hace reproches a Granados, hacia la que se dirigen las invectivas de Antonio Guerra. Perandones publica el siguiente extracto de esta crítica: "El final, molto presto, de corte extraño, inspiradísimo, completó con suceso este que si no tiene forma clasica -en opinión de los inteligentes- y si resulta algo desigual de factura en el último tiempo sobre todo, demuestra que el Sr. Granados es un compositor de nota."*

La carrera del Quinteto en sol menor no cumplió las expectativas puestas en él por su autor quien -a pesar del tiempo y los esfuerzos puestos en una revisión radical de la partitura estrenada en el Salón Romero- no logró publicarlo y tampoco parece haber prosperado su intento de incorporarlo a su repertorio como pianista de cámara. La única interpretación documentada fue la del debut del quinteto Crikboon* en la Sociedad Filarmónica de Bilbao el 3 de enero de 1897*. Olvidado entre los "papeles Granados", con ocasión del cincuentenario de la muerte del artista Antonio Fernández-Cid anunció la existencia de la partitura del Quinteto y advirtió que "merecería una revisión, al menos un conocimiento, por si conviene publicarla. Que no estamos en España tan sobrados de obras en música de cámara."* Ocho años más tarde Unión Musical Española publicó una edición práctica de la versión revisada del Quinteto* y hasta 2010 no se dispuso de la espléndida edición crítica de Douglas Riva de las versiones original (incompleta) y revisada* a partir de las cuatro fuentes manuscritas y la edición de la UME. Entre ambas ediciones se publicó una versión espúrea del Quinteto que juzgo carente del menor interés musical y musicológico*.  

En su edición crítica del Quinteto en sol menor Douglas Riva se abstiene de cualquier juicio de valor y opinión estética sobre la composición, respetando estríctamente las normas deontológicas de la filología musical. Walter A. Clark destaca en su biografía de Granados que "teniendo en cuenta sus repetidas apariciones como pianista en conjuntos de cámara, es muy extraño que no escribiera más música de cámara y que no promocionara ni tocara las pocas obras que terminó. [El Quinteto y el Trío] El Quinteto en sol menor es una obra encantadora y quizá la menos notable de las dos, aunque recibió excelentes críticas el día de su estreno"*. Por su parte, en su edición del epistolario granadino, Miriam Perandones contradice todas las opiniones hasta aquí reproducidas, al afirmar que "Granados muestra con estas obras su vinculación a la estética regeneracionista asociada a la germanofilia. Así el compositor forma parte activa del intento de establecer de forma regular la composición de música de cámara en España, tentativa que pocos años después fructificará con la composición de cuartetos de la siguiente generación de compositores."*

En realidad, los principales compositores españoles de cuartetos de cuerda en la década siguiente al estreno del Quinteto en sol menor, son Ruperto Chapí y Tomás Bretón, dos maestros bastante mayores que Granados por lo que malamente pueden ser integrados en la generación posterior a nuestro autor. Ambos empezaron a componer cuartetos a partir de 1903, estimulados por la actividad del Cuarteto Francés y desde la incorporación al mismo como viola de Conrado del Campo, una década más joven que Granados y autor de al menos catorce cuartetos entre 1904 y 1952. En cualquier caso, la historia del cuarteto de cuerda en España poco o nada tiene que ver con el Quinteto en sol menor pues se trata de dos géneros musicales muy diversos por tradición, códigos estilísticos, práctica interpretativa y sistema productivo. Cuarteto de cuerda y Klavierquintett son música de cámara en el mismo sentido que las naranjas y los cocos son fruta. En cuanto a las intenciones de Granados al componer su Quinteto, nada en la documentación hasta ahora conocida nos permite suponer que fuesen otras que el éxito artístico y la prosperidad económica, tal y como se lee reiteradamente en su correspondencia con su esposa.

Por lo que se refiere a la "germanofilia" del Quinteto en sol menor, todos los comentarios contemporáneos al estreno de la obra -sean favorables, desfavorables o neutros- son unánimes en destacar que el Quinteto en sol menor se aleja de cualquier modelo centroeuropeo, sea clásico o contemporáneo. Igualmente, esa es la perspectiva de los escasos comentaristas de nuestros días que se han ocupado del Quinteto, que casi unánimemente lo vinculan con la práctica parisina del género en la Belle Époque. Por lo que se refiere a la "vinculación" del Quinteto de Granados con "la estética regeneracionista", es una cuestión que no merece ser comentada mientras Perandones no explique cuáles son las variables identitarias de esa "estética regeneracionista" y demuestre la adecuación a las mismas del Quinteto en sol menor. Hasta entonces no cabe otra opción que considerar la propuesta de Perandones como un nuevo ejercicio de "musicología creativa".

El Klavierquintett es un género relativamente reciente que se comienza a desarrollar en la época revolucionaria -con contribuciones de C. P. E. Bach, J. C. Bach, Boccherini, Dussek, Haydn, Mozart y Beethoven- y alcanza su madurez con Schubert, Weber y otros maestros de la estética Biedermeier. De hecho, para los compositores de la segunda mitad del siglo XIX, el Quinteto en la mayor  "La trucha" de Schubert*, publicado póstumamente en 1829, se convirtió en el paradigma de perfección del género, emulado desde sus perspectivas personales por Schumann -Quinteto en mi bemol mayor op 44 (1842)*, Brahms -Quinteto en fa menor op 34 (1865)* Frank -Quinteto en fa menor (1879)*, y Dvorák -2º Quinteto en la mayor op 81 (1887)*, de los cuales fue el de Schumann el que alcanzó mayor difusión madrileña e internacional y fue el modelo del 1º Quinteto en do menor (1862) de Borodin*.

Granados adoraba la música de Schumann, cuyos estilemas adoptó frecuentemente en sus propias obras para piano. Pero nada invita a pensar que tomase el Quinteto en mi bemol mayor como modelo para su propio Quinteto en sol menor, lo cual adquiere sentido si tenemos en cuenta el escaso interés de Granados por la forma sonata y por el contrapunto prusiano. Además, es improbable que a Granados le pareciesen satisfactoria las soluciones de Schumann al problema del encaje dinámico y tímbrico del piano con el cuarteto de cuerda, que Granados resuelve de manera notable por más que no alcance la perfecta integración lograda por Dvorák en su 2º Quinteto o por Elgar en su Quinteto en la menor op 89 (1919). Por carácter y capacidades, lo más probable es que a Granados le atrajesen el impulsivo Quinteto en la menor op 14 (1866) de Saint-Saëns* -quien era un muy talentoso improvisador, además de virtuoso pianista, como Granados- y, sobre todo, el encantador 1º Quinteto en do menor op 89 (1890) de Fauré cuya retórica y textura me parecen cercanas a la del Quinteto en sol menor de Granados por más que la desbordante joie de vivre de este lo lleve a las soluciones rítmicas que sorprendieron a Mitjana y que Granados había aprendido de otro de sus autores de cabecera, Louis Moreau Gottschalk, varias de cuyas composiciones formaban parte del repertorio concertístico juvenil de Granados e influyeron notablemente el idiomatismo de su escritura pianística, especialmente el uso del pedal. Como botón de muestra compárense el allegretto del Quinteto en sol menor  con la sección central de La Bamboula op 2 (1844-45) de Gottschalk, interpretada por Granados en la entrega de premios del Concurso Pujol de 1884*. Una influencia que también se detecta en el espléndido Quinteto en do mayor op 18 (1894) de Henrique Oswald, cuya partitura ha sido recientemente publicada, compuesto en el mismo año que el Quinteto en sol menor de Granados.

Notas

1. Ester AGUADO Sánchez, 'El repertorio interpretado por la Sociedad de Cuartetos de Madrid (1863-1894)', en "Música" nº 7-8-9 (2000), p 27-141

2. María Almudena SÁNCHEZ, 'La Sociedad de Música Clásica di Camera', en "Cuadernos de Música Iberoamericana", 8-9 (2001), p 195-210

3. Mario Roger QUIJANO Axle, 'Enrique Granados y el drama rural de Feliú y Codina en dos obras para escena en castellano: Miel de la Alcarria (1897) y María del Carmen (1898)', en "Diagonal: An Ibero-American Music Review", 2(1) (2016), pp 66-68.

4. "El Día", 21 de febrero de 1895, p 3. "El Liberal", 22 de febrero de 1895, p 4

5. Cesar CALMELL, 'Joan Maragall i la música', en "Maragall: textos i contextos", pp 67-84

6. Carol A. HESS, “Enrique Granados. A Bio-Bibliography”, New York: Greenwood Press, 1991, p 9

7. “El País”, 26 de enero de 1895, p 3

8. “La Época”, 26 de enero de 1895, p 3

9. “El Heraldo de Madrid”, 26 de enero e 1895, p 3

10. Antonio Guerra y Alarcón, libretista de la zarzuela "Jorge el gaitero" (1894-95) de Granados, es el autor de la primera monografía sobre Isaac Albéniz (1886). Fue un prolífico escritor sobre los temas más diversos,

11. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016

12. "El Globo", 16 de enero de 1895

13. El 20º Conde de Aguilar de Inestrillas, Agustín de Carvajal y Fernández de Córdoba (1848-1915)

14. El 3º Marqués de Vivel, Rafael Martínez-Agulló y López-Verges, magistrado del Tribunal Supremo y diputado en Cortes por el Partido Conservador

15. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016, p 189

16. "El Liberal", 24 de febrero de 1895, p 3

17. "El Día", 23 de febrero de 1895, p 3

18. “El Heraldo de Madrid”, 23 de febrero de 1895, p 3

19. “La Correspondencia de España”, 24 de febrero de 1895, p 3

20. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016, p 38

21. Formado por Mathieu Crokboom y Josep Rocabruna, violines, Rafael Gálvez, viola, Pablo Casals, violonchelo y Enrique Granados, piano

22. Pablo BILBAO Arístegui, 'Enrique Granados en la Sociedad', en "Pérgola". marzo de 1991, pp 6-7

21. Antonio FERNÁNDEZ-CID, "Granados", Madrid: Samarán, 1956, p 216

22. Enrique GRANADOS, "Quinteto en sol menor (1898), Madrid: UME, 1973

23. Enric GRANADOS, "Quintet en sol menor", Edició de Douglas Riva, Barcelona: Tritó, 2010

24. Moisés BERTRÁN, "Quinteto Op. 49 en sol menor de Enrique Granados", Barcelona: Boileau, 2004

25 Walter Aaron CLARK, "Enrique Granados. Poeta del piano", Barcelona: Editorial de música Boileau, 2016, p 62

26. Miriam PERANDONES, "Correspondencia epistolar (1892-1916) de Enrique Granados", Barcelona: Editorial Boileau, 2016, p 37

27. El Quinteto D 667 de Schubert fue interpretado por la Sociedad de Cuartetos de Madrid en cuatro ocasiones, 7 de febrero y 5 de diciembre de 1890, 11 de diciembre de 1891 y 16 de diciembre de 1892

28. El Quinteto op 44 de Schumann fue interpretado por la Sociedad de Cuartetos de Madrid en seis ocasiones, 21 de enero y 4 de abril de 1872, 24 de noviembre de 1878, 9 de enero de 1881, 25 de noviembre d 1887 y 4 de noviembre de 1892

29. No tenemos constancia de interpretaciones madrileñas anteriores a 1894 del Quinteto op 34 de Brahms

30. No tenemos constancia de interpretaciones madrileñas anteriores a 1894 del Quinteto de Frank

31. El Quinteto op 81 de Dvorák fue interpretado por la Sociedad de Cuartetos de Madrid el 25 de octubre de 1889

32. Basil SMALLMAN, "The Piano Quartet and Quintet: Style, Structure, and Scoring", Oxford: Clarendon Press, 1996

33. No tenemos constancia de interpretaciones madrileñas anteriores a 1894 del Quinteto op 14 de Saint-Saëns

34. No tenemos constancia de interpretaciones madrileñas anteriores a 1894 del Quinteto op 89 de Fauré

35. Walter Aaron CLARK, "Enrique Granados. Poeta del piano", Barcelona: Editorial de música Boileau, 2016, p 17 n26

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