Muchas cosas se pueden expresar en un puñado de canciones, y Dorothea Röschmann se sirvió de la primeras canciones de su recital, interpretadas bajo el título Mignon Lieder, para abrir y mostrar un amplio y convincente abanico de cualidades: una técnica fantástica, una voz amplia y profunda, carnal y oscura, con unos graves llenos de poder y una emisión limpia y extremadamente afinada. Súmese su notable capacidad para decir, para transmitir poesía, y quedará dibujada una gran liederista, una cantante capaz de subyugar a la audiencia para situarla en un plano de completa receptividad. No se escucharon toses en la Filarmónica bilbaína mediado noviembre, y no se escucharon porque el público no se acordaba de toser. Estaba en otro mundo.
Röschmann también. De hecho estuvo en cuatro, cantando desde cada uno de los cuatro compositores del…
Comentarios