España - Cataluña

Eso de que el barroco sea puro…

Jorge Binaghi

viernes, 8 de diciembre de 2017
Barcelona, domingo, 3 de diciembre de 2017. Gran Teatre del Liceu. L’incoronazione di Poppea (Venecia, Teatro de San Zanipolo, 26 de diciembre de 1642). Libreto de Giovanni F. Busenello y música de C. Monteverdi. Versión de concierto. Intérpretes: Veronica Cangemi (Drusilla/Fortuna), David DQ Lee (Nerone), Maite Beaumont (Ottavia/Virtù), Filippo Mineccia (Ottone/Familiare), Luigi De Donato (Seneca/Console), Sabina Puértolas (Poppea), Krystian Adam (Arnalta/Soldato/Tribuno), Francisco Fernández Rueda (Lucano/ Soldato/Liberto/Littore/Nutrice), Emilie Rose Bry, (Amor/Valletto/Pallade), y Cyril Auvity (Mercurio/Tribuno/Familiare). Ensemble Matheus. Director: Jean-Christophe Spinosi

Mis mayores, si tuvieron la suerte de conocer en directo esta obra maestra, fue a lo sumo una vez. Como mucho, dos. Yo tengo la suerte de llevar un buen número. Como la gente de mi edad empecé antes de que se impusiera la seriedad de la filología musical: en 1965 en Buenos Aires, y aún en los años 80 del pasado siglo en París. Después me acostumbré a lo que hoy es práctica corriente, pero debo decir que todavía estoy esperando una Arnalta más cómica y de auténtica voz de contralto como Oralia Domínguez, un Séneca como el increíble de Nicolai Ghiaurov, la sensualidad de la Poppea de Gwyneth Jones y si se me apura un poco la del Nerón de Carlos Cossutta o Jon Vickers. Y por supuesto que para Otón preferiría un barítono lírico como Richard Stilwell, y para Octavia a Teresa Berganza (o en su defecto Christa Ludwig). Todas voces hoy vedadas y que harían clamar al cielo a los defensores de la pureza barroca (eso de que el barroco sea puro…). Para terminar de enlodar mi reputación (si es que hacía falta) diré que últimamente prefiero -esta ha sido mi primera vez- verla en versión de concierto que escenificada (se trate de la gélida y aburrida de Bob Wilson que vi hace poco en la Scala o la que aquí sirvió para estrenar -¡¡!!- la obra en 2009, bastante vulgar aunque ‘divertida’, como si cuando tiene que serlo texto y música no fueran más que suficientes, pero claro que muy apta a hacer aceptar cantantes inaceptables o mediocres). He preferido hacer perder al tiempo al principio por si el lector prefiere no seguir leyendo. 

Como seré un dinosaurio (feliz de serlo), pero no un troglodita, sé reconocer lo que es bueno o muy bueno aunque yo prefiera otra cosa. El ejemplo más relevante estuvo hace poco en el Palau de la Música con otra obra del celebrado Claudio, Il ritorno di Ulisse in patria, también en forma de concierto, que fue gigantesco. 

Esta Poppea, que no soy el único en considerar la culminación del genio operístico de su autor, sino una de las cumbres de la literatura lírica en general (se sirva en la salsa que se sirva, más o menos ‘original’ o ‘desnaturalizada’ por orquestaciones de los pasados siglos) es aún más difícil, y los resultados fueron excelentes aunque con aspectos mejores y otros menos brillantes. 

Lo menos brillante fue, por empezar, los palpables claros en la audiencia, que supongo que a nadie se le ocurrirá atribuir a la situación particular de Cataluña, sino más simplemente a la desafección del ‘gran público’ operístico -no sólo de aquí, y eso que había bastantes turistas- por el período (eso explica bien la más que tardía llegada al escenario del Liceu, o que el próximo Haendel, como el anterior, sean también en forma de concierto). 

Lo más brillante fue el trabajo del Ensemble Matheus y su director. Spinosi tiene una bien ganada fama de especialista en este campo y demuestra que la merece. Sin dejar de ser ‘estilística’ su batuta y la labor del conjunto resultaron vitales, apasionadas, luminosas y sombrías o melancólicas cuando correspondía (muerte de Séneca, despedida de Octavia). No le sobró ni le faltó nada. 

Los cantantes, como en toda ópera que se precie de serlo (creo), son elemento fundamental. En conjunto estuvieron bien o muy bien, pero hay que matizar un poco, y no sólo por el canto, sino porque, como se acostumbra ahora en estos casos, estuvieron vestidos de calle o de noche pero muy activos.

La pareja protagonista fue la que me ofreció más reparos. Puértolas canta muy bien, pero su pizpireta -en demasía- Poppea parecía más adecuada, como alguno de sus recitativos, para un personaje como su magnífica Despina mozartiana. El contratenor Lee (o DQ Lee, no sé) tiene una voz poderosa para un contratenor, también una zona aguda destemplada y unos efectos de golpes de glotis que no había escuchado nunca en su cuerda (nunca los he creído ‘expresivos’ y sí de un mal gusto terrible en cualquier repertorio y cuerda). Mucho más desenfocado aún que Poppea, su Nerón fue casi ridículo y con gestos que hicieron reír al público (los movimientos de cejas podían recordar al cine mudo), pero que no parecen adecuados, como la palmadita final en las posaderas de su recién coronada emperatriz. 

Mineccia fue un buen Otón (y un secundario más; en esta versión salvo los dos protagonistas todos hacían más de una parte): la voz no es muy bella ni poderosa, pero su control y manejo ahora es absoluto.

De Donato fue un Séneca excelente, prueba de que no se necesita un volumen fuera de serie, pero sí una buena voz de bajo, de articulación ejemplar del texto y de expresividad contenida, que podría haber sido de ejemplo a algunos. 

Magnífica Cangemi, más como Drusilla que como Fortuna: personalmente la habría visto más en Poppea, pero ya se sabe que la atribución de roles, y más en repertorio de este período, es a veces un misterio sin explicaciones (no he visto, desde la llegada de la filología, ni una versión ni una asignación de partes igual). Todo lo que hizo fue exquisitamente musical. 

Lo mismo se puede decir de Beaumont, que encuentra en este repertorio el campo ideal para sus muchas virtudes: buen color, homogeneidad, expresividad. Fue sensacional su Octavia, aunque el ‘addio’ final de su despedida a Roma no me convenza ‘hablado’, así como otros recitativos de otros cantantes (por ejemplo el ‘son di Nerone!’ de Poppea).

Mi personal descubrimiento de esta oportunidad fue el tenor Adam, muy notable en todas sus intervenciones y en particular como Arnalta (al menos es un tenor y no un contratenor si no puede ser una contralto). También lo fue Bry, joven, bella y muy solvente cantante, sobre todo en Amor, pero a sus anchas en Valletto y hasta en Palas Atenea. Auvity tiene también muchas virtudes, pero en esta oportunidad cantó todas partes secundarias y si bien creo que reafirmó su clase no tuvo manera de lucirse particularmente. Fernández Rueda es bueno pese a que su timbre no sea memorable; canta bien y se mueve bien, pese a que su Nodriza de Octavia podría haber sido igual de graciosa si se hubiese contenido un poco más.

 

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.