Hace tres años, Carles Santos construyó una distopía en la que el protagonista era él mismo. En junio de 2014 presentó el cuádruple CD Lo bo ve per baix, 2'55 hores de piano de Santos per Santos en el auditorio de la Fundació Caixa Vinaròs. Cuando concluyó, propuso al público realizar un referéndum para seleccionar, entre tres obras vocales, la que sonaría en su funeral, a celebrar en ese mismo espacio llegado el momento. Quería imaginarse cómo sería. Saber que pasaría, aunque lo veía lejos. Las páginas elegidas fueron: su propio “Autorretrato”, de Voice Tracks (1981), “Calivagerun oculi mei” de los Responsorios de Tinieblas de Tomás Luis de Victoria (una rémora de su juventud como ayudante del maestro de capilla de Tortosa en los oficios de Semana Santa) y el “Crucifixus” de la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach. Siempre Bach.
Y el…
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