Ese hombre bajo y regordete ha sentado su violín en la vereda. Carga 74 años en las ojeras y pasea la música por las calles, esperando que alguna mano le arroje unas monedas. Ha transitado la noche sin suerte. Ya casi nadie lo recuerda. El frío ha comenzado peligrosamente a perforarle los remiendos del alma. Es de madrugada. Está en el barrio de La Boca, a dos metros de La Bombonera, cuando el bastón se quiebra, el violín cae y destapa Polvo de estrellas en las nieblas del Riachuelo. Es 17 de junio de 1988. Hernán Oliva se acuna ya en el silencio para siempre.'Mi vida es simple y la puedo resumir así: yo, el violín y el violinista'. Bastó que el adolescente Oliva escuchara un disco del gran Joe Venuti para que supiera cuál era su camino. Había visto la luz en Valparaíso (Chile) el 4 de julio de 1913. 'Mi madre Laura era una mujer…
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