DVD - Reseñas

Mozart según Jacobs

Raúl González Arévalo

jueves, 18 de enero de 2018
Wolfgang Amadè Mozart: Le nozze di Figaro, dramma giocoso en cuatro actos (1786). Pietro Spagnoli (Conde Almaviva), Annette Dasch (Condesa Almaviva), Rosemary Joshua (Susanna), Luca Pisaroni (Fígaro), Angelika Kirschlager (Cherubino), Sophie Pondjiclis (Marcellina), Alessandro Svab (Antonio), Antonio Abete (Bartolo), Enrico Facini (Don Basilio), Paule Courtin (Barbarina), Serge Goubioud (Don Curzio). Coro del Théâtre des Champs-Elusées. Concerto Köln. René Jacobs, director. Jean-Louis Martinoty, director de escena. Hans Schavernoch, escenografía. Jean Kalman, iluminación. Cookie Chiapalone, coreografía. Pierre Barré, dirección de vídeo. Subtítulos en francés, inglés, alemán, español, italiano. Formato vídeo: NTSC 16:9. Formato vídeo: PCM Stereo, Dolby Digital 5.1, DTS 5.1. 2 DVD de 182 minutos de duración. BelAir Classiques BAC017. Distribuidor en España: Música Directa.

Aún recuerdo el escepticismo con el que fue acogido a principios del nuevo milenio el anuncio de que René Jacobs iba a abordar la trilogía Da Ponte. Los instrumentos originales y las orquestas reducidas estaban bien para el Barroco, pero ¿Mozart? ¿Dirigido por un excontratenor? ¡Y encima proponía embellecer y variar la línea vocal! Appoggiature, acciaccature, gruppetti, variaciones en los da capo… ¡ni que fuera Handel! Por lo demás, el resultado ya se conocía: el “extravagante” Don Giovanni de Bonynge para Decca en 1969 había obtenido críticas demoledoras por esas mismas razones.

Tres lustros más tarde podemos decir que la evolución fue la siguiente: Così fan tutte, la más vienesa y la menos italiana de la trilogía, fue grabada en CD con su casa habitual, Harmonia Mundi. Y no fue mal. Le siguió Le nozze di Figaro, también en audio, y aquí el éxito rotundo propició el DVD que traemos hoy entre manos, reeditado con buen criterio por BelAir Classiques. El furor despertado por estas Bodas levantó altas expectativas con el último título, Don Giovanni, fijado en CD y ahora también en DVD por Harmonia Mundi. Sin embargo, los resultados no fueron los mismos, en parte por una elección de reparto con un criterio esencialmente diferente del que presidió las Bodas: en esta última las voces cantaban igualmente repertorio romántico y se adaptaron bien a la propuesta del director belga, mientras que para Don Juan los intérpretes procedían fundamentalmente del universo barroco.

Como ocurre en tantas ocasiones, las giras contemporáneas o posteriores a grabaciones referenciales, con un equipo de cantantes que trabajan habitualmente con un director de referencia como es Jacobs, con una visión tan personal en sus acercamientos, hace que las voces no siempre coincidan. Y ésa es la principal diferencia entre el CD y el DVD, con la excepción del Cherubino de Angelica Kirschlager. El espíritu de las grabaciones es el mismo, también la orquesta, la diferencia está en el elemento vocal, que es inferior globalmente en el DVD.

El ansia del mercado por lo nuevo hace que cada mes se editen un número importante de grabaciones que en el caso de las óperas se concentran en los DVDs. Pasada la novedad siempre es interesante comprobar, con más calma, la vigencia y la fortaleza de las propuestas que en su momento suscitaron una gran expectación e incluso polémica. En el caso de Jacobs quiero recordar que en las numerosas entrevistas que concedió por la época esgrimía la intención de despojar a las óperas mozartianas de los añadidos decimonónicos que, en su opinión, desfiguraban la verdadera naturaleza sonora y musical de su obra. Afirmación a todas luces temeraria desde el momento en que la ópera tiene siempre un fuerte componente de tradición que no se debe despreciar. Pero tampoco es carente de interés, a la luz de los resultados.

A estas alturas resulta evidente que la óptica radicalmente opuesta de Jacobs no invalida otras propuestas gloriosas, en CD como en DVD, como las de Giulini, Böhm, Solti, Karajan o Abbado, por nombrar solo unos cuantos hitos fonográficos de este título. Pero la premisa tampoco funciona en sentido inverso: la visión del belga se ha asentado como una de las mejores de las últimas décadas por vitalidad teatral, componente dramático -resaltado por la alternancia sin solución de continuidad entre recitativos y piezas musicales-, y atención al detalle. El Concerto Köln es uno de esos conjuntos cuyo virtuosismo sonoro, por la calidad de sus componentes y la sutileza de sus propuestas, es una garantía absoluta del interés de sus grabaciones. La riqueza de dinámicas, de colores, la flexibilidad en la interpretación, en un entendimiento absoluto con Jacobs, tuvieron como resultado una grabación extraordinaria.

Los protagonistas masculinos constituyen el punto fuerte del reparto. Luca Pisaroni estaba al comienzo de una gran carrera que le han convertido en uno de los Fígaros actuales de referencia. Éste fue el primero que grabaría, al que le seguirían otros con Metzmacher (Opus Arte 2006), Jordan (BelAir 2010), López Cobos (Opus Arte 2011), Nézet-Séguin (DG 2015) y Ettingen (Unitel 2015). La juventud y la frescura que destila con Jacobs se irían atenuando posteriormente, aunque ya desde el principio se aprecian los rasgos que definen a su sirviente: llano sin ser vulgar, se expresa con una voz mórbida y matizada que le equipara a los grandes nombres del pasado y del presente. Pietro Spagnoli es otro Conde de altura histórica. Compone un personaje perfecto, tanto por adecuación vocal, soberbia, como por capacidad dramática y dominio de la prosodia italiana. Antonio Abete y Enrico Facini están impecables como Bartolo y Basilio.

El cuadro femenino es más flojo. Rosemary Joshua compone una Susanna correcta pero anodina, mucho menos singular, tanto por voz, de timbre poco distinguido, como por canto, sin una huella particular en sus intervenciones, que son agradables y con buenas intenciones, pero nada más. Para muestra, el aria del cuarto acto. Annette Dasch es una de esas cantantes que tienen más tirón en el circuito germánico y el mundo anglosajón que en el latino. Al igual que su criada, compone una Condesa genérica, que no se distingue particularmente ni en el canto ni en la interpretación, siempre correcta, claro está, pero sin una marca destacada de la casa. La Marcellina de Pondjiclis es excesivamente modesta y caricaturesca. La única que se sitúa a la altura artística de los hombres es Angelica Kirchschlager, cuyo Cherubino, perfectamente andrógino, vocal y actoralmente, la hacen perfecta en el papel del enamoradizo adolescente, cuyas arias están menos variadas que en el CD.

La puesta en escena dirigida por Martinoty, antiguo discípulo de Ponnelle, es eficaz, ágil, atenta al detalle y al movimiento de los actores, perfectamente ambientada en el vestuario en el siglo XVIII, más atemporal y aún así clásica la escenografía con fragmentos de cuadros célebres. En esto recuerda claramente a su maestro. En cualquier caso, se agradece la narración siempre clara y un ritmo constante.

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