Entre las salas de concierto “modernas” la Philarmonie de Colonia (1986) es la que más me gusta: su circularidad y la madera que la cubre le permiten ser una acústica cálida, intensa pero nunca agresiva y lacerante, como es el caso de la Elbphilharmonie de Hamburgo o el inmenso auditorio que un joven Simon Rattle consiguió en los ochenta para Birmingham. Y tampoco es una sala de proporciones megalómanas del tipo de la Walt Disney de Los Ángeles. Por el contrario, una virtud de esta sala a orillas del Rhin y a la sombra de la emblemática catedral son sus proporciones humanas y su consecuente intimidad. Espero demostrar estos elogios con una serie de fotos que saqué durante el concierto matinal del domingo pasado, que será repetido el próximo jueves 8 en Madrid y el viernes 9en Zaragoza, siempre bajo la dirección de Franz Xavier Roth,…
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