Giancarlo Guerrero volvía al podio de la Sinfónica de Bilbao tras ofrecer un gran concierto hace un par de años. En aquella ocasión dirigió la Sinfonía número 6 de Mahler y logró esa suerte de angélica elevación de la orquesta sobre sí misma que logran los muy buenos maestros con las buenas orquestas. En esta nueva visita el resultado no fue tan redondo como en aquella gran velada, sino que tuvo altibajos entre las dos partes del programa, mejor Shostakovich que Chaikovski, y también entre movimientos en la Sexta sinfonía.
Ning Feng es un violinista superdotado. Rinde un sonido amplio, terso, bello y preciso, capaz de sugerir fragilidad y contundencia. Guerreri transmite una gran seguridad y Shostakovich suena sereno y apegado a la tierra. El concierto avanza con la característica forma del compositor de provocar que las notas del violín…
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