Supongo que nadie discutirá que el primer verso de la primera canción de este ciclo (que nació en dos partes, separadas por la composición de la única ópera de su autor, El corregidor, y que él mismo consideraba su obra más lograda) da el tono exacto de lo que pretende y lo que consigue. Por si no fuera suficientemente claro, ahí estaba el gran Helmut Deutsch para poner las cosas en su sitio, con su introducción, su posludio (en toda la noche fueron memorables) y, en esta pieza, el toque de su piano en el wie klein del penúltimo verso.
No voy a analizar las 46 canciones una por una, pero creo que es importante decir todo lo anterior por el nivel que tuvo el ‘acompañante’ (me recordó a Moore en la grabación clásica con Schwarzkopf y Fischer-Dieskau), que por suerte le fue reconocido por sus colegas y que el público refrendó, y porque hubo…
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