Cuando se cumplió medio siglo de la muerte de Holst, José Luis Pérez de Arteaga publicó El honorable colegial, un precioso artículo en el que recordaba que: "Mal había comenzado aquel año 1934, que sería aciago para la música inglesa: el 23 de febrero fallecía Sir Edward Elgar, y aunque Gustav Holst siempre había mantenido hacia el Dean de los creadores ingleses una actitud de distante respeto, la muerte del autor de las Variaciones Enigma le movió a escribir un obituario. Su propio estado de salud no era óptimo, y en mayo tenía que someterse a una operación, tendente a corregir la afección gastrointestinal, con una severa hemorragia interna, que había padecido el año anterior: poco podía imaginar que el 25 de mayo, dos días después de la intervención quirúrgica, seguiría el mismo itinerario que Elgar. Sólo dos semanas después, el 10 de…
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