De la misma manera que la producción lírica de compositores de grandes obras de concierto o sinfónicas ha pasado frecuentemente desapercibida (ahí está Antonio Vivaldi), a la inversa los grandes compositores de ópera parecen no haber escrito otra cosa. Como mucho, misas, como los Requiem de Mozart, Donizetti y Verdi. Y aunque la obra instrumental, sinfónica y de cámara, del austríaco es sobradamente conocida y no han sido mutuamente excluyentes en ningún sentido, no ocurre lo mismo con los italianos: las composiciones camerísticas o para piano solo de Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini, por citar los principales nombres del siglo XIX, siguen siendo rarezas a día de hoy y muchas continúan sin haber sido grabadas.
Si a esta circunstancia añadimos géneros poco transitados o encargos específicos, la invisibilidad aumenta. Es el caso…
Comentarios