En su primera visita a la Sinfónica de Euskadi, Robert Treviño se reveló como un director invitado deslumbrante. Todavía se recuerda su magnífica lectura de la Séptima de Bruckner, hará unos dos años por estas fechas. Poco después se anunció su responsabilidad como director titular de esta formación vasca, y su adaptación y rendimiento en esa responsabilidad eran una incógnita, dado que no son pocos los buenos maestros invitados que son discretos titulares. No es el caso: Treviño está llevando a la Sinfónica de Euskadi a unas cotas muy altas de calidad y su nombramiento es un caso de éxito que hay que esperar se extienda por unas cuantas temporadas.
Treviño planteó la Sinfonía número 5 de Shostakovich como un trabajo a varias bandas, como una exploración en cordada. Trabajaba él, esforzado y seguro, todo un Hans Bjelke; trabajaba su…
Comentarios