No sé si a ese peculiar ser humano que se llamaba hasta hoy Stephen Hawking (y al que -espero- seguiremos recordando) le gustaba, como buen inglés, Haendel. Hasta donde sé lo ‘colocaba’ la música de Wagner. Pero en todo caso fue curioso que ayer por la noche viera en televisión La teoría del todo (un excelente film) y hoy me tocara la única función aquí de la gira europea de Christie y su orquesta con un título que no veía, precisamente, desde su tardío estreno en el Liceu, hace casi doce años. No creo que nadie se tome el trabajo de ir a ver mi reseña de antes (con toda razón), por lo que voy a reiterar algunas consideraciones generales que escribí entonces.
“Ariosto y Tasso fueron una cantera de metales preciosos para los libretistas y músicos del barroco, que empleaban una y otra vez los mismos materiales, los mismos personajes y, como…
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