Italia

Una ópera de sufrimiento

Anibal E. Cetrángolo

miércoles, 4 de abril de 2018
Parma, jueves, 15 de marzo de 2018. Teatro Regio di Parma. Roberto Devereux (Estreno mundial: Teatro San Carlo de Nápoles, 1837). Música de Gaetano Donizetti y libreto de Salvatore Cammarano. Director de escena, Alfonso Antoniozzi. Escenografía, Monica Manganelli. Vestuario, Gianluca Falaschi. Diseño de iluminacion, Luciano Novelli. Intérpretes y personajes: Mariella Devia (Elisabetta), Sonia Ganassi (Sara), Stefan Pop (Roberto Devereux), Sergio Vitale (Duque de Nottingham), Matteo Mezzaro (Lord Cecil), Ugo Guagliardo (Sir Gualtiero Railegh), Andrea Goglio (un paje), Daniele Cusari (Un familiar de Nottingham). Orquesta dell'Opera Italiana y Coro del Teatro Regio. Director del coro, Martino Faggiani. Concertador y director, Sebastiano Rolli. Producción del Teatro Regio de Parma conjuntamente con el Teatro Carlo Felice de Génova y el Teatro La Fenice de Venecia.
Antoniozzi: Roberto Devereux © Teatro Regio di Parma, 2018

Las circunstancias personales que tuvo que vivir Donizetti en tiempos de la composición de Roberto Devereux fueron de las peores. Tanto que hay quien piensa que fue en este periodo de gran dolor para el compositor cuando se inició el proceso que lo llevaría a la locura. Poco después de la muerte de un hijo y mientras se preparaba para llevar a escena la ópera, murió su amada mujer Virginia, quien tenía solamente veintiocho años. El hecho afectó tanto al compositor que sus amigos, temiendo un desenlace trágico, fueron a vivir con él. Donizetti quedó inmovilizado en su lecho por bastante tiempo y prohibió a las personas que lo rodeaban que mencionasen el nombre de su amada esposa. Es más, mientras ensayaba Roberto Devereux escribió a su hermano confiándole que ese trabajo le provocaba enorme pena porque mientras recorría la partitura revivía los momentos de sufrimiento que había padecido mientras la escribía. 

En cuanto a lo profesional, esta ópera tuvo problemas con la censura napolitana a causa de la presencia en el libreto de la ejecución de un noble -Essex- cosa que en tiempos post Revolución francesa y en una corte borbónica como la partenopea, no era visto con agrado. De todas maneras, la aprobación llegó y así fue que Roberto Devereux subió a escena el 28 de octubre de 1837 con gran éxito.

Después de Nápoles fue el turno francés de la opera y para la ocasión Donizetti realizó algunos cambios: reemplazó el preludio con una obertura que incluye una alusión a God Save the Queen, lo que resulta eficaz como caracterización de la monarca si bien es efecto anacrónico: Elisabetta no pudo conocer esta música que fue compuesta recién en el siglo XVIII, entrando en uso en 1755. Donizetti, simétricamente tambien, en la sinfonia da un perfil musical a Roberto y concluye la obertura  anticipando una stretta que cantará el tenor. Tal stretta no estaba incluida en la partitura de Napoles y aparece en la versión francesa porque en Paris Donizetti dio mayor relieve a la parte del tenor en cuanto que en esta ocasión el papel lo afrontaba nada menos que Gianbattista Rubini. Para que se tenga en cuenta de quien estamos hablando anoto que en tiempos de este compromiso francés con Donizetti, Rubini había estrenado las partes de tenor principal de óperas de Mercadante (Anacreonte in Sarno, I briganti), Mayr (Il Sogno di Partenope), Bellini (Bianca e Fernando, Il Pirata, La sonnambula, I Puritani), Pacini ( Licida in Niobe, Giovanna d’Arco) y del mismo Donizetti (La lettera anónima, Elvida, Gianni di Calais, Il Paria, Il giovedì grassoAnna Bolena, Marin Faliero). Muchos de estos títulos nos resultan desconocidos. En la escena final de Roberto Devereux el tenor canta mucho y Donizetti escribe para él la mejor música que el bel canto pueda ofrecer. Con respecto a la parte de Sara, Donizetti se encontró en Paris con una cantante de importantes graves, en realidad una contralto, pero con dificultades en el agudo. Se trataba de una alumna de la gran Giuditta Pasta quien a pesar de su nombre, Emma Albertazzi, era inglesa. La Albertazzi murió muy joven y para ella Donizetti compuso un aria de entrada menos comprometida en el agudo. 

La fortuna sucesiva de este título de Donizetti fue enorme durante el siglo XIX, resultando uno de los mayores éxitos del bergamasco y de manera ininterrumpida permaneció en las escenas europeas hasta 1848. Sucesivamente el fervor por el canto mermó y, como bien saben los melómanos más ancianos, en los teatros de ópera, por mucho tiempo, se representaron solamente tres óperas de Bellini y otras tantas de Donizetti. Hubo que esperar al revival iniciado con Armida de Rossini del Maggio Musicale Fiorentino a principios de los años ’50 para que se volviese a considerar la importancia de los títulos serios de Rossini y a rescatar otras óperas del género.

Específicamente, el retorno de Roberto Devereux a las escenas del mundo fue avalado por una histórica producción napolitana dirigida por Mario Rossi y que veía como protagonista a Leyla Gencer. La soprano turca, en esta ocasión, compartía responsabilidades con Ruggero Bondino, en la parte de Roberto, y un joven y fantástico Piero Capuccilli que cantaba Nottingham. Este compromiso de la Gencer con lo que se llamó la 'Donizetti Renaissance' no fue aislado: ella afrontó papeles del compositor que desde hacía décadas ninguna soprano cantaba como los personajes centrales de Maria Stuarda,  Lucrezia Borgia, Anna Bolena, o Caterina Cornaro. A la Gencer siguieron otras Elisabettas célebres como las de Caballé (con ella se consigue una versión video con un jovencísimo José Carreras en Aix en Provence y si usted es persona de suerte le aconsejo trate de dar con el live audio de La Fenice, siempre con Caballe, dirigido en febrero de 1972 por un fantástico Bartoletti), de Beverly Sills quien fue la primera en cantar las tres reinas Tudor en la misma temporada (New York 1974), o de John Sutherland. 

 

No pocos críticos opinan que la Elisabetta de hoy es Mariella Devia y ese fue el principal motivo por el cual viajé en este invierno que parece no terminar nunca a Parma. La expectativa no fue frustrada. Mariella Devia es indiscutible protagonista del bel canto internacional y eso se nota, antes de que abra la boca. No cabe duda de que los años se hacen notar, pero gracias a una técnica a prueba de edades puede afrontar las tremendas dificultades de una parte como esta -incluso los agudos- sin problema alguno. La parte es verdaderamente ardua: baste pensar en los cambios de humor de los que es víctima el personaje y que para el cantante significan saltos improvisos hacia el grave que superan de mucho la octava, así como repentinos cambios de carácter en la interpretación. Cuando ella recuerda ser -aunque en derrota- la reina de Inglaterra, Donizetti la hace pasar, en el mismo compás, desde un la sobre el pentagrama a un re debajo de la primera línea. Devia resultó victoriosa de estas pruebas y usó todo en la parte teatral. Siendo ella persona de gran inteligencia supo ahorrar esfuerzos cuando era el caso. Así resultó que su labor en la escena final de la ópera resultó una prestación de aquellas que hacen historia. La gran artista fue maestra en mostrar la tensión que se alterna con colores mórbidos de la voz en este papel de complejidad enorme. Memorable.

Sonia Ganassi, la Sara del caso, fue digna compañera de la Devia. Ganassi es tambien artista celebre y de carrera internacional que supo aprovechar de la redondez de su voz para diseñar un carácter de nobleza, autoridad. y conflicto. Resultó absolutamente solvente en la parte.   

Stefan Pop, quien cantó el papel del título es un joven tenor rumano que ganó varios premios internacionales importantes como el Operalia de Placido Domingo en 2010 y el de la Competición Internacional de Seul. Pop debutó en la escena internacional en la Ópera de Roma cantando La Traviata en 2011 y poco después se presentó en Viena cantando el Elvino de La Sonnambula. Su voz es voluminosa, el timbre no es especialmente atractivo y su prestación resulta un poco rígida tanto en cuanto se escucha como en cuanto se ve.  Es un cantante, de todas maneras, eficaz, que afrontó el difícil papel con indudable dignidad. Acerca de la dificultad del papel, Pop ha declarado a la prensa que consideraba la parte como uno de los papeles más arduos para un tenor.

Servio Vitale fue el Duca de Nottingham. Encontré muy bello su timbre y en el complejo muy correcto su desempeño, aunque su interpretación fue monótona. Resultaron muy correctos en sus papeles quienes afrontaron los roles secundarios, como Matteo Mezzaro y Ugo Guagliardo . El Coro del Teatro Regio, preparado por Martino Faggiani, fue excelente como es habitual. 

El director Sebastiano Rolli es un maestro joven y amado por el público del teatro, puesto que es nativo de Parma. Resultó eficaz en su labor, incisivo y preciso a pesar de algún mal entendido con el tenor en la última participación del cantante: cosas que pasan en un estreno. Considero más importante otro tema: Donizetti escribe en la partitura con mucha precisión la agógica de la última escena de la ópera. Allí pide constantes cambios de velocidad, sobre todo de intención. Encontré que en tales momentos Rolli dirigió los rallenttandi de manera genéricamente lenta, me faltó la tensión stentata. No encontré aquella dificultad en relatar, no localicé el pathos que el momento requiere. Son cuestiones de gusto. El trabajo de Rolli en su globalidad fue encomiable. L'Orchestra dell'Opera Italiana respondió con ductilidad al maestro.

El director de escena fue Alfonso Antoniozzi, quien no renuncia a la ambientación de época, que es mostrada de manera sobria y libre. A pesar de la puesta elizabettiana, Antoniozzi deja ver elementos escénicos, como los sostenes de las luces. Resultó así, en tal libertad, un trabajo interesante, aunque un poco estático a pesar de los mimos que interactuaban con los cantantes. En la puesta encontré picos de excelencia como cuando en la segunda parte se alza el telón mostrando a los cantantes de espalda al público y mostrando a la lejanía los candelabros encendidos. Se consiguió así una sensación de dramatismo muy eficaz. Otras elecciones, en cambio, me parecieron discutibles: el desventurado Roberto canta al comienzo de su última escena dentro de una pajarera y luego la trágica Elisabetta debe entonar aquellos estupendos octonarios de Cammarano “Ah!  non sia chi dica in terra/La regina d' Inghilterra/Ho veduto lagrimar” mostrando la enorme cola de su vestido que representa el mapa de Europa.

Fueron hermosas las escenas de Monica Manganelli y aprecié el refinado vestuario de Gianluca Falaschi. Los efectos de luces fueron muy adecuados

La representación del estreno, el 15 de marzo, contó con un teatro al completo. Hubo un público entusiasta que subrayó el triunfo de Mariella Devia, quien coronaba con esta representación una formidable carrera dedicada al bel canto.

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