Bajo la alfombra de Enrique Granados

22] La primera biografía de Granados

Maruxa Baliñas

viernes, 6 de abril de 2018
Enrique Granados en 1890 © Ilustración Musical Hispano Americana

Coincidiendo con la publicación de las Memorias de Granados, nos ha parecido interesante recuperar este artículo publicado en la revista quincenal Ilustración musical hispano-americana1 en 1890 que es seguramente la primera aproximación biográfica a la figura de Enrique Granados. Dado que se trata de un artista tan joven, es de suponer que estos datos biográficos los hubiera facilitado el propio Granados al periodista L. M.2, por lo que nos parece interesante la publicación y la comparación con lo que él mismo escribe sobre su infancia en 1910.

Enrique Granados y Campiña3

Nació este distinguido y joven artista en Lérida el 27 de julio de 1867. A la edad de cinco años vino a Barcelona, en donde empezó el estudio de la música practicándose en el solfeo y piano, desde 1878 hasta enero de 1882, bajo la entendida dirección del profesor D. Francisco Xavier Jurnet. Desde esta fecha cursó el piano con el eminente pianista Pujol, asistiendo al mismo tiempo, durante un año, a las clases de solfeo de la capilla de la Merced.

En mayo de 1883, obtuvo el primer premio de piano en el Concurso-Pujol. Continuó el estudio del piano, bajo la dirección del citado profesor, durante el año de 1884, estudiando, a la vez, algún curso de armonía y composición, hasta que en septiembre de 1887 pasó a París con ánimo de ingresar en el Conservatorio de aquella capital. No pudo conseguirlo, desgraciadamente, a causa de gravísima enfermedad, que lo tuvo postrado en cama a su llegada a París por espacio de mucho tiempo. Tuvo que desistir de presentarse al año siguiente, no muy restablecido de salud, por haber cumplido en aquel intermedio la edad reglamentaria de admisión. Asistió, sin embargo, como oyente a las clases de piano de dicho Conservatorio, gracia especial que le otorgó el celoso profesor de aquel establecimiento, M. C. de Beriot, del cual recibió lecciones hasta el año próximo pasado en que regresó a Barcelona.

Prodújose en público y obtuvo ovaciones que se acentuaron, especialmente, en el concierto que no ha mucho organizó en el teatro Lírico. Excepcionales y muy aventajadas condiciones posee el joven artista que tales y tan notorias muestras dio en el citado e interesante concierto celebrado en el lindo teatro de la calle de Mallorca.

Combinó con acierto y fino gusto todas las piezas del programa, huyendo del género pianístico brillante que tantos estragos ha causado en la técnica del piano y que, de fijo, no será el género que prive en lo porvenir, como lo demuestra la tendencia, más ilustrada, que se observa en los pianistas de concierto hoy más en boga en Europa. El género brillante ha cesado de ser: encumbró tantas nulidades, preconizó las excelencias del tour de force, la habilidad y el mecanismo elevados a arte, que se comprende renegasen las personas de finos gustos ilustrados, del piano, de los pianistas y de sus trashumantes experiencias, y de la mayor parte de esa inverosímil, petulante y necia producción que se llama música para piano.

Granados será de los buenos artistas que buscarán siempre el aplauso en el arte puro, sin relumbrones ni concesiones culpables; posee cualidades que no le arrastrarán a buscarlo, desatinadamente, por otros derroteros; buena educación técnica, individualidad que se acentuará con el cultivo de la buena música y la experiencia artística, un toucher delicado, lleno de deliciosas suavidades y una naturaleza en cuyo fondo hay un tinte de melancolía que cautiva y embelesa, porque es hija de una sensibilidad no enfermiza.

Nos complace observar, como acaeció en el concierto del Lírico, que se aliente a jóvenes naturalezas artísticas tan bien dotadas como lo es la de Granados, con aplausos que serán estímulos para que el día de mañana se manifieste y se acentúe la personalidad artística que codicia y conseguirá, estudiando, el joven pianista.

¿Qué aporta esta pionera biografía de Granados?

Notarán que no se hace referencia alguna a la estancia de Granados en Tenerife, dato que tampoco tiene especial importancia en una biografía 'profesional' de Granados. Tampoco se menciona a su primer profesor de música, José Junceda, de quien sabemos que fue simplemente era un músico militar, flautista y colega de su padre en Barcelona. Aunque algunos biógrafos de Granados afirman que Junceda fue su profesor en Lérida, nada hay que lo demuestre, y en cambio por las Memorias de Granados sabemos que fue vecino de los Granados en el edificio de la calle de Paseo de Gracia de Barcelona, donde también residía la familia Miralles, uno de cuyos hijos, el pintor Francisco Miralles Galaup (1848-1901), le metió el "gusanillo" de la pintura a Granados durante sus estudios en París. Otra de las Miralles, Carmen (1863-1944), es la "vecina arpista" de la que habla Granados en sus Memorias, y tras casarse con el Doctor Andreu, ambos se convirtieron en unos de los más fieles mecenas de Granados hasta su muerte, e incluso ayudaron a sus hijos. 

Pasemos entonces al segundo profesor de Granados, Francisco Xavier Jurnet. No es mucho lo que se sabe de él. Las únicas referencias que he encontrado hasta el momento son que: entre 1883 y 1887 era profesor de música del “Colegio Franco-Hispano para señoritas” dirigido por Carmen Uyá de Curdumí, según cuenta La Vanguardia en sus repetidas reseñas sobre las fiestas de fin de curso de dicho colegio; que actuó como concertista de piano entre 1882 y 1890; que en 1885 era vocal de la Sociedad de Conciertos de Barcelona; y que en 1890 se cantó un motete compuesto por él. Podría haber fallecido el 5 de noviembre de 1908. 

Me parece muy interesante para el tema de la construcción de la identidad de Granados como pianista y compositor, el paso de Jurnet a Pujol, de un profesor interesado en la música de salón y en formar a un pianista aficionado, a otro que conoce las nuevas modas parisinas, tiene una formación muy sólida como pianista, y sobre todo prepara a Granados para convertirse en pianista profesional. En sus Memorias Granados muestra claramente el profundo rechazo que sentía hacia el repertorio que se veía obligado a tocar en los dos cafés en los que trabajó antes de irse a París, y antes de eso su clara renuncia a las piezas de salón que practicaba con su profesor Jurnet. Habría sin embargo que reconsiderar la infuencia de Jurnet en las primeras composiciones de Granados, que son piezas de salón ligeras al estilo de las que tocaba con Jurnet, independientemente de que Granados fuera un compositor con sensibilidad y que incluso en sus primeras obras llegara más allá que muchos de estos compositores de salón que ciertamente llegaron a ser una plaga y se convirtieron en los chivos expiatorios de aquellos compositores de finales del XIX y principios del XX que aspiraban a entroncar con la gran tradición de Chopin, Mendelssohn, Listz, Thalberg o Gottschalk. 

Y creo que precisamente en este tema del cambio de paradigma entre el piano de salón y el piano de finales del XIX, especialmente en Francia, están las aportaciones más interesantes de este primer artículo biográfico sobre Granados. Todo el párrafo que explica que en su primer concierto importante4 "Combinó con acierto y fino gusto todas las piezas del programa, huyendo del género pianístico brillante que tantos estragos ha causado en la técnica del piano y que, de fijo, no será el género que prive en lo porvenir, como lo demuestra la tendencia, más ilustrada, que se observa en los pianistas de concierto hoy más en boga en Europa. El género brillante ha cesado de ser: encumbró tantas nulidades, preconizó las excelencias del tour de force, la habilidad y el mecanismo elevados a arte, que se comprende renegasen las personas de finos gustos ilustrados, del piano, de los pianistas y de sus trashumantes experiencias, y de la mayor parte de esa inverosímil, petulante y necia producción que se llama música para piano." es una mina para un estudioso de la historia de la interpretación pianística. 

Sólo me queda añadir algunos detalles más que me han llamado la atención. Creo que convendría revisar el tema de la salud de Granados, y de esas enfermedades que en varias ocasiones de su vida le impidieron enfrentarse a responsabilidades importantes: el ingreso como alumno en el conservatorio de París, la oposición a profesor del conservatorio de Madrid, etc. Hay incluso algunas etapas 'vacías' en su vida, de meses y hasta cercanas a los dos años, que sus biógrafos justifican como problemas de salud, o recuperándose de una enfermedad, sin que quede claro cuál era el problema concreto. He observado además -leyendo las Memorias- que a menudo se presenta como un niño que mira, y no que juega, lo que podría corresponderse con problemas de salud infantiles que probablemente no correspondieran a un padecimiento concreto, sino a una salud delicada en general. Esa salud delicada podría ser en último término el motivo por el que no se le orientó hacia la vida castrense como era tradición en la familia, sino hacia la música, algo semejante a lo que ocurrió por ejemplo con Chopin.  

Una figura del arte (no vamos a hablar de otros apartados menos dignos de la vida pública, donde por otra parte ocurre lo mismo) se construye a partir de diferentes pinceladas que nunca son neutras. Y me pareció interesante intentar recuperar algunos de los elementos que definieron la figura de Granados ya desde un momento muy temprano de su carrera. En el artículo dedicado a sus primeros conciertos en Barcelona, El debut antes del debut, apuntábamos ya algunos rasgos de esta construcción de su identidad y este artículo, con su defensa de la modernidad de Granados al renunciar a la “música brillante”, es significativa. Los comentarios del cronista L. M. en 1890 parecen ya anticipar lo que se escribirá sobre Granados hasta su muerte y después: "buena educación técnica, individualidad que se acentuará con el cultivo de la buena música y la experiencia artística, un toucher delicado, lleno de deliciosas suavidades, y una naturaleza en cuyo fondo hay un tinte de melancolía que cautiva y embelesa, porque es hija de una sensibilidad no enfermiza."

Notas

1. Ilustración musical hispano-americana fue una revista quincenal (aparecía los días 15 y 30 de cada mes) publicada en Barcelona a partir del 30 de enero de 1888 y dirigida por el compositor y musicólogo Felipe Pedrell y Sabaté (1841-1922). Va a tener diversos editores-propietarios, empezando por Torres y Seguí. A partir del ocho de julio de 1889 (número 36) lo será la viuda de Juan Trilla y Torres; desde el quince de octubre de 1891 (número 90), Isidro Torres y Manuel Soler (que actúa también como administrador), y desde el quince de octubre de 1892 (número 114), Víctor Berdós, en cuyo establecimiento tipográfico se estampará. También será impreso en la Tipografía La Academia, de la Viuda e Hijos de Ullastres y Compañía, habiéndolo hecho al comienzo en la imprenta de Luis Tasso Serra.

2. Entre 1888 y 1893, colaboraron en Ilustración musical hispano-americana tres autores con las siglas L. M.: Luis Medina (marzo de 1888), Luis Montestruc (noviembre de 1890) y Luis Millet (febrero de 1893), según información proporcionada por el Dr. Jacinto Torres Mulas

3. Ilustración musical hispano-americana, 30 de junio de 1890, n.º 59, pp 2-3

4. 20 de abril de 1890 en el Teatro Lírico de Barcelona

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