Nunca me había ocurrido llegar tarde a un concierto porque un avión entre dos ciudades europeas con menos de dos horas de vuelo entre ambas me hiciese llegar con tres horas de retraso y a la misma en que empezaba el recital. Parece que Vueling se supera a sí misma a la hora de comenzar cada vez más temprano sus fechorías. Además de tiempo perdido, disgustos, un taxi con el que no contaba, tuve que escribir varias veces al servicio de prensa, que me respondió con gran paciencia y cordialidad. Cuando, maleta en mano y algo impresentable de aspecto, recogí mi acreditación de prensa sonaban ya las notas de Corinna en Il viaggio a Reims, que más bien intuí desde fuera de la sala esperando la pequeña interrupción antes del último número de la primera parte…
Y, tras perder tres importantes ‘mélodies’ de Fauré (Les roses d’Ispahan, Clair de…
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