Las notas del programa aluden a muros como los de la Tonhalle de Düsseldorf o el monumento a la Batalla de las Naciones de Leipzig, y los decorados de Steinberg muestran un interior similarmente opresivo, un gran patio sombrío con paneles que se abren para permitir la llegada de Lohengrin anunciada por otras sombras, esta vez las alas de un cisne. También se abren para dejarnos ver la cabeza y las alas del cisne que coronan el enorme bloque de piedra blanca que preside la ceremonia nupcial del segundo acto. En el tercero, el cisne reemplaza las esvásticas que nadie puede dejar de imaginar, en una miríada de estandartes de rojinegros en medio de una soldadesca de casco y lanza. Pero los estandartes terminarán cayéndose a tierra. ¿Final auspicioso? No, porque debajo de uno de los estandartes, el desaparecido duque de Brabante sale como un…
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