Rusia

Tradición centenaria

Maruxa Baliñas

miércoles, 4 de julio de 2018
San Petersburgo, domingo, 1 de julio de 2018. Teatro Mariinski I. Sala histórica. Ruslan y Liudmila, ópera en cinco actos de Mijail Glinka sobre un libreto de Mijail Glinka, Konstantin Bajturin, Alexander Shajovskoi, Valerian Shirkov, Nestor Kukolnik, Mijail Gedeonov y Nicolai Markevich, basado en el poema homónimo de Aleksander Pushkin. Estreno: Gran Teatro Imperial (Bolshoi Kamenni) de San Petersburgo, 9 de diciembre de 1842. Lofti Mansouri, dirección de escena. Thierry Bosquet, decorados. Larisa Yudina (Liudmila), Vadim Kravets (Ruslan), Gennady Bezubenkov (Svetozar), Pavel Shmulevich (Farlaf), Zlata Bulycheva (Ratmir), Viktor Lutsyuk (Finn), Vladimir Ivantsov (Chernomor), Yekaterina Shimanovich (Gorislava), Yevgeni Akimov (Bayan). Coro y Orquesta del Teatro Mariinski. Mijail Sinkevich, director musical. XXVI edición del Festival Estrellas de las Noches Blancas.
Mansouri: Ruslan y Ludmila © Teatro Mariinski, 2018

Como tantas veces pasa, el Festival de Noches Blancas de San Petersburgo le obliga a una a tomar difíciles decisiones. En este año que se celebra a lo grande el bicentenario del nacimiento de Marius Petipa (1818-1910), y tanto el Teatro Mariinski como en concreto esta edición 2018 del Festival Estrellas de las Noches Blancas se están volcando en la celebración, opté por iniciar mi inmersión en el Mariinski con Ruslán y Ludmila de Glinka, una de las obras fundacionales de la ópera rusa nacional, renunciando a una función de La bella durmiente de Chaicovsqui con buenos bailarines. No me arrepiento, si bien debo decir coincidir con mi sobrina en que los protagonistas masculinos de las óperas rusas no se caracterizan por su inteligencia ni rapidez. O sea, Ruslán y Ludmila son casi cinco horas de ópera (el Mariinski nos regaló tres descansos), de las cuales tres están dedicadas a que Ruslán -y el resto de los aspirantes a la mano de Ludmila- la busquen tras su rapto. Hasta el Trovatore parece rápido por comparación.

A cambio la ópera es todo un muestrario de lo que estaba de moda en San Petersburgo en la época de su composición y me dejó con la idea de que meter a Glinka en el capítulo de nacionalismo ruso es obviar mucho de su estilo. O sea, durante gran parte de la ópera estuve escuchando belcantismo: Ruslán tiene alguna intervención 'a lo Trovatore' pero lo que predomina es Donizetti y Bellini, y algo de Rossini sobre todo en la obertura y las partes instrumentales. Aunque tengo la sensación de que Raúl González Arévalo, nuestro experto, me corregiría, porque me faltaba algún sabor en esta receta de Ruslán y Liudmila que no he sabido identificar.

La producción, firmada por Lofti Mansouri, es de 1994, pero recoge los decorados de la producción de 1904, a cargo de Alexander Golovin y Konstantin Kolovin, y la coreografía realizada por Mijail Fokin para la producción de 1917. El resultado es una curiosa mezcla con mucha tradición y casi nada de modernidad. Es un estilo que el Mariinski sigue mimando porque le da mucho dinero y es éxito seguro. O sea, cada vez más el Mariinski 2 se reserva para amantes de la música, mientras el Mariinski 1 atiende a los turistas, poniendo muchas representaciones de El lago de los cisnes y otros ballets, y los montajes de Príncipe Igor, Ruslán, etc. Y yo soy la prumera que recomiendo a la gente que vaya a ver una de estas representaciones del Mariinski 1, con sus sillas incómodas, los problemas de visibilidad, las colas en los baños, las escaleras laberínticas, pero con vestuarios y decorados impresionantes, ochenta o cien personajes en escena entre coro y figurantes, números de ballet históricos y lógicamente muy bien bailados, y ocasionalmente algún caballo o como en este Ruslán algún brujo o bruja atravesando el escenario en un trono que cuelga del techo. Supongo que todos hemos soñado alguna vez con meternos dentro de un cuento y en el Mariinski 1 lo haces.

Al viejo estilo sonó también en algunas ocasiones la orquesta, lo cual no es positivo. Sinkevich es un director efectivo, que se conoce la partitura y a los cantantes, pero los metales se desmandaron en más de una ocasión, y sacaron ese sonido estridente y algo desafinado que -gracias a Dios- ya no es habitual escuchar. Muy bien en cambio los solistas de la orquesta, que tienen sus ocasiones de lucimiento.

Entre los cantantes me gustó mucho Larisa Yudina, que tiene una voz y un estilo que recuerda a Gruberova. No sé si esto es lo más apropiado para una dulce doncella como Ludmila, pero resultó realmente contundente en su enfado con los regalos que le quiere hacer el malvado Chernomor y hubo abundantes risas en el teatro. Probablemente fue también esta voz la que me hizo escuchar tanto belcantismo en esta representación de Ruslan y Ludmila. Mirando su enlace en la página web del Mariinski, veo que ha cantado algo fuera de Rusia, pero mayoritariamente en gira con la compañía, o sea, es una artista de la casa.

Vadim Kravets cumplió con su parte, pero junto a intervenciones buenas, en algunos momentos se quedó escaso, o aún peor, desafinó. Dramáticamente tiene dominado el papel, pero estilísticamente no me convenció. Como espero volver a escucharlo en estos días, me reservo mi juicio.

Desconcertes fueron las intervenciones de Ratmir, un papel que es cantado por una mezzo, supongo que para indicar que Ratmir es aún demasiado jóven e inexperto para competir con Ruslán. La voz tenía problemas de cambio de registro, no corría adecuadamente, y parecía sonar forzada por momentos. Pero he escuchado a Zlata Bulycheva en otras ocasiones y no pasaba nada de esto, de lo que deduzco que puede ser un problema de la partitura, que no acaba de definir la vocalidad que requiere. De hecho, en Mundoclasico.com se han reseñado algunas interpretaciones suyas y todos los críticos destacaron sus intervenciones como superiores a la media.

La última cantante que quiero destacar es Yekaterina Shimanovich, que convirtió en protagónico su papel como Gorislava.

El resto de los cantantes dentro de la media del Mariinski, que es alta pero no excepcional. Como siempre, y acostumbrada a España, los tenores del Mariinski me parecen algo deficientes y los bajos impresionantes. Esto es en gran parte una cuestión de tradición y eso en este teatro sobra. No pierdan de vista que esta es la temporada 235 del Mariinski, que Ruslán y Ludmila se estrenó precisamente aquí y esas son dos cosas que marcan mucho.

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