La sala de 1838, en la bellísima plaza a los pies de la colina y del parque del castillo ducal, perteneció hasta 1918 al jefe de la dinastía Sajonia - Coburgo - Gota. Es pequeña pero de gran estilo y, como tantas otras en Alemania, aloja ópera, concierto, comedia musical y teatro. Como era un domingo caluroso y con partidos del mundial, había poco público para la representación de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny. Pero no importa, porque Alemania es un país donde la cultura musical se sirve todos los días como alimento artístico indispensable, y no como producto condicionado por la rentabilidad de caja o las limosnas de ricos que después se cobran con una deducción de impuestos. Es en las ciudades pequeñas y alejadas donde se nutre el alma de la vida musical alemana. Berlín, Múnich o Hamburgo son sólo una derivación de este…
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