La innata habilidad de Mozart para escribir conciertos se revela una vez más en este Concierto K.314 de oboe y orquesta que luego fue repetido, cambiando la tonalidad de do mayor a re mayor, para flauta solista. Es una página de concurso que habla de sus dificultades técnicas a pesar de lo cual no pierde su belleza natural. La labor de Santiago Clemenz, guía de las flautas en la orquesta sinfónica local fue impecable desde donde se la mire. Ese aspecto tan particular del sonido agudo de un instrumento que, obvio, no existía en la época del autor como se lo conoce ahora, donde también cuenta con un sonido bajo y suave. Todo esto sirvió para una rica interpretación cuyo punto más alto fue la cadenza al finalizar el primer movimiento, o la ternura del “adagio” más el mutuo entendimiento entre director y solista.
Vivían a solo 300 kilómetros…
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