Son muchos los autores cuya memoria está unida a un solo título en la actualidad: Bizet (Carmen), Mascagni (Cavalleria rusticana) y Leoncavallo (I pagliacci) son probablemente los ejemplos más fáciles y recurrentes. Luego están también aquellos de los que se recuerda un título, que además ya no está tan presente en los escenarios como antes. Aquí Jacques-Froméntal Halévy y su La juive es un caso claro. A pesar de algunas reposiciones recientes, la dificultad de la obra por la enorme exigencia en los papeles principales hace que suba pocas veces a los escenarios y se cuentan con los dedos de una manos las grabaciones disponibles.
Sin embargo, Halévy fue considerado con Meyerbeer el máximo exponente del subgénero que conocemos como grand-opéra francesa, del que soy fan irredento. Como en las grandes obras épicas literarias y…
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