España - Cantabria

La marisma de Soano

Xoán M. Carreira
lunes, 20 de agosto de 2018
Casa de las Mareas de Soano © Fernando Villalba, 2018 Casa de las Mareas de Soano © Fernando Villalba, 2018
Soano (Cantabria), martes, 7 de agosto de 2018. Casa de las Mareas de Soano. Laboratorio Klem. Proyecto: TRANSMUTARE. Ensemble Klem: Iñigo Ibaibarriaga, Ainara Zubizarreta, Víctor Parra, Mikel Arce, Jaime Oliver y Marina Hervás. 67 Festival Internacional de Santander
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La edición 2018 del Festival Internacional de Santander (FIS) ha programado tres conciertos de música de los últimos cien años interpretada en recintos inhabituales. Los dos primeros fueron los del Sax Ensemble con Façade de Walton como obra estrella, en el Palacio de la Magdalena en Santander, y el Mbira Duo, en los alrededores del Faro de Suances, con un programa muy variado. Este tercero que ahora comento fue Proyecto: TRANSMUTARE, una muestra de environmental music ofrecida en un entorno tan adecuado como la Casa de las Mareas de Soano, un edificio situado sobre la marisma de Soano y rodeado de agua. 

El Laboratorio Klem se define como: "un proyecto internacional basado en la investigación visual, performance y creación sonora basado en Ciencia&Arte. El laboratorio está dedicado a la creación multidisciplinar a partir de la música, las artes visuales y el encuentro entre todas las disciplinas artísticas (performance, videomapping, creación audiovisual, instalación sonora, danza, etc.)"

El Proyecto: TRANSMUTAREdirigido por Jaime Oliver, cuenta con la colaboración de Iñigo Ibaibarriaga (saxofones, creación electrónica), Ainara Zubizarreta (flautas y performance), y Víctor Parra (violín y performance). El público se sumergió en el espectáculo -aspecto esencial en las música ambientales- y ovacionó a los intérpretes, tras lo cual muchos de los asistentes se acercaron a felicitarlos personalmente. Quede constancia que, al igual que los otros dos conciertos de este tríptico contemporáneo, fue un éxito artístico y un acierto de los programadores. No es frecuente que coincidan en tan alto grado la satisfacción de los intérpretes, el público y el programador. 

Personalmente disfruté del espectáculo y gocé del buen hacer lúdico y técnico del Laboratorio Klem. Dicho esto, me considero en libertad de escribir unas consideraciones subjetivas acerca de los condicionantes de las expresiones musicales del land art y sus extensiones.

El land art es un trabajo con instalaciones sobre los paisajes y los sistemas ecológicos, siendo el de la mínima intervención uno de sus principios básicos. Es cierto que algunas de las obras maestras de esta corriente, como Campo de relámpagos (1977) de Walter de Maria, introducen elementos tecnológicos que afectan al sistema ecológico e introducen importantes modificaciones paisajísticas, y cito Campo de relámpagos por tratarse de una de las pocas muestras del land art que se desarrollan en el tiempo, lo cual lo acerca mucho a la temporalidad musical, y lo aleja del característico estatismo del mainstream del land art (bosques pintados, piedras reordenadas, etc.).

El Proyecto: TRANSMUTARE del Laboratorio Klem, al igual que Campo de relámpagos, está plenamente integrado en el entorno pero lo altera y se nutre de él induciéndole profundas transformaciones. No podría ser de otro modo pues utiliza diversos tipos de microfonía para recoger los sonidos del agua que luego son filtrados y manipulados electrónicamente. La marisma de Soano es un lugar especialmente tranquilo y recoleto en el que el Laboratorio Klem introduce una lancha de remos como variable ajena visual y sonoramente al topos, a la vez que utilizan las variaciones crepusculares de la luz como paisaje visual del espectáculo (ignoro si el ruido de las persianas automáticas fue un elemento controlado o asumido por el Laboratorio Klem). Las improvisaciones instrumentales tuvieron momentos muy afortunados y en todo momento se integraron perfectamente en el ambiente, utilizando soluciones herederas de las creaciones de Pauline Oliveros. 

El producto final fue una feliz síntesis de los procedimientos de la environmental music y la música ambiental, lo cual considero un acierto, pues ambas corrientes resultan especialmente complementarias cuando se aplican a la expresión sonora. Mi único reproche al Proyecto: TRANSMUTARE es ajeno al mismo: el entusiasmo de los miembros del Laboratorio Klem induce a excesos didascálicos en forma de discursos introductorios al evento que me recuerdan las características cartelas del Centro Pompidou y que me resultan muy irritantes pues interfieren en mi propia percepción de las obras incluso en aquellas ocasiones en que me proporcionan información que ignoraba. 

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