Como proverbialmente ocurre con él, el regisseur Stephan Herheim eligió darnos una complicadísima lección de historia, política y sociología en la nueva puesta de Pelléas et Mélisande de Glyndebourne. Lo inusual fue que esta vez los personajes dejaron de ser títeres ejecutando teorías para actuar como personajes de carne, hueso y alma. Gracias a ello, esta ópera lánguida y neurótica fue vivificada como un gran experimento teatral.
¿Y que mejor para vivificarla que darle como marco teatral el gran salón de la casa señorial de Glyndebourne donde, en 1934, su propietario John Christie comenzó a “escenificar” esas veladas musicales que terminaron llevándolo a construir un teatro de ópera? Hasta hizo allí el primer cuadro del tercer acto de Maestros Cantores, con la ayuda de ese órgano imponente que en la producción de Herheim aporta el…
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