Deliberadamente he dejado pasar tres años desde que Riccardo Chailly sucedió a Claudio Abbado en la dirección de la Orquesta del Festival de Lucerna, para comprobar su trabajo con ella. Como en todas las orquestas que se forman ad hoc para tocar unas pocas semanas al año, es complicado encontrarle una personalidad que la distinga, más allá de la propia festivalera. Tanto más en este caso, en el que se reúnen ciento veinte músicos de las más diversas procedencias y empleos.
Es cierto que su núcleo sigue radicando en la Mahler Chamber Orchestra; y que ahí siguen caras bien conocidas (el veteranísimo violista Wolfram Christ, su hijo Raphael en funciones de concertino, el timbalero Raymond Curfs, o el oboísta onubense Lucas Macías Navarro); como también se han incorporado muchas caras nuevas, particularmente las procedentes de La Scala. Hay…
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