Los mimbres de la Sinfónica de Lucerna son modestos comparados con los de las orquestas que desfilan en el Festival. Pero en absoluto desmerece su presencia aquí, y la prueba es que la sala estaba llena hasta la bandera. En 2011 se hicieron con los servicios de James Gaffigan (Nueva York, 1979), a quien no conocía y de quien me declaro fan desde este momento. Por lo visto y escuchado esta noche, se trata de un maestro que ensaya a conciencia, que domina su instrumento, que emplea un gesto clarísimo y muy expresivo, y al que le gusta jugársela en el directo con una energía inagotable (como en su momento se decía de Solti, si a Gaffigan le conectan una dinamo en el brazo Lucerna tiene garantizado el suministro de corriente eléctrica).
Por de pronto, Gaffigan ha tenido la feliz idea de conformar un programa con tres rarezas y enteramente…
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