Sólo había visto una vez a François-Xavier Roth (Neuilly-sur-Seine, 1971), y fue aquí en Lucerna hace tres años. Me causó una impresión excelente por su seriedad y por la búsqueda -y encuentro- de la claridad. En aquella ocasión se trató de un concierto con obras para gran orquesta, todas de origen húngaro y rabiosamente modernas. Esta noche, sin embargo, el cartel y el plantel eran bien diferentes: poco hay que decir de la Mahler Chamber Orchestra, salvo reiterar que es una agrupación estupendísima que está en el podio de las orquestas de cámara; pero del programa algo hay que contar.
Por de pronto, una obra también húngara. Roth se siente particularmente cómodo interpretando a Bartók, cuya música -como todas, pero la suya todavía un poco más- exige claridad; y este Divertimento (encargo -cómo no- de Paul Sacher) salió a pedir de boca:…
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