Bajo la alfombra de Enrique Granados

39] Calixto Granados y Armenteros

José María Rebés

viernes, 7 de septiembre de 2018
Enrique Granados adolescente © La Ilustración Musical, 2 de junio de 1883

En la isla de Cuba nació el militar Calixto Granados y Armenteros, padre del compositor Enrique Granados. Fue hijo del matrimonio de Manuel Granados Espinosa con Irene Armenteros González de la Torre. Era el día 14 de octubre de 1824 según su expediente militar. Sus abuelos fueron Juan Anastasio Granados y Estefanía Espinosa, por parte de padre, y Miguel Armenteros y Guzmán y Ayala*, con un primer apellido compuesto que hay que explicar, y María Ambrosia González de la Torre y Rodríguez, con el primer apellido también compuesto, quienes habían contraído matrimonio en La Habana, en la parroquia del Santo Ángel, el 9 de mayo de 1793. El apellido compuesto Armenteros y Guzmán, que en el militar Calixto Granados Armenteros ya había desaparecido como tal, perdiendo la segunda parte, estuvo ligado a la isla de Cuba a lo largo de varias generaciones. Fue en 1490 cuando los apellidos Armenteros y Guzmán se unieron al contraer matrimonio Gonzalo Armenteros con su prima Inés de Guzmán, una mujer en cuya familia hubo tiempo atrás un personaje de cierta fama en la historia de España: Alonso Pérez de Guzmán (1256-1309), conocido por la Historia “Guzmán el Bueno”, defensor de Tarifa y fundador de la casa de Medina Sidonia, quien ante el dilema de salvar la vida de su hijo o entregar la ciudad o los enemigos de su rey, prefirió conservar ésta a entregarla al Infante don Juan y a sus aliados meriníes y nazaritas. Este apellido compuesto Armenteros y Guzmán aparece en las crónicas de la isla de Cuba desde inicios del siglo XVII*, en la misma época que el apellido González de la Torre*. Miguel Armenteros y Guzmán y María Ambrosia González de la Torre tuvieron al menos dos hijas: Irene (abuela de Enrique Granados) y Mariana. En el caso de los Granados, ignoro cuándo llegó la familia a la isla, pero parece claro que Juan Anastasio Granados era cubano.

Volviendo a Calixto Granados, ingresó con 12 años en el Regimiento de Infantería Barcelona Ligero Peninsular número 4, justo el día de su cumpleaños, el 14 de octubre de 1836, según su expediente militar. Sorprende lo temprano de su ingreso en el ejército, al menos con nuestro actual concepto de la infancia, y también parece algo pronto comparando esa edad con habitual de ingreso como cadete en aquellos tiempos, establecida en los 16 años. Una notación en su expediente nos da cuenta de un ingreso previo en el ejército, como “cadete de menor edad”, datada el 4 de mayo de 1830, antes de cumplir los seis años. El tiempo entre ese primer ingreso y el de incorporación efectiva al batallón, en 1836, no tuvo asociado en su expediente militar un cómputo de tiempo de servicio, por tratarse solamente de una incorporación simbólica, pero no presencial. Una vez ingresado en el regimiento Barcelona en 1836, estuvo en él hasta finales de noviembre de 1844, cumplidos ya los veinte años. Entre tanto fue ascendido en varias ocasiones: el 12 de agosto de 1838 a alférez, debido “a los acontecimientos de Santiago de Cuba”; el 25 de abril de 1840 a alférez por antigüedad; el 15 de agosto de 1843, fue ascendido a teniente “por gracia general”; el 17 de septiembre de 1844 a teniente por antigüedad.

A finales de noviembre de 1844, ya con veinte años y el grado de teniente, pasó a un nuevo regimiento, el de la Corona 5 de Línea, también en Cuba, en el que estaría poco tiempo, hasta finales de marzo de 1845. Después pasó al León 4 de Línea, hasta finales de febrero de 1851. Con este regimiento viajó a la Península, llegando a Santander el 19 de abril de 1848, pasando después a Burgos, en donde permaneció hasta el verano de 1851. En esas fechas se produjo la extinción de su compañía, lo que le supuso su traslado a Cuba, a donde, tras embarcar en Santander el 29 de junio, llegó de nuevo el 15 de septiembre de ese año, después de permanecer un mes en Las Palmas de Gran Canaria. En Cuba fue destinado al Regimiento Barcelona número 9. Terminó su etapa en él, tras varios destinos dentro de la isla, a finales de marzo de 1856, pasando al Batallón de la Guardia Civil el 1 de abril, en lo que constituyó su primera estancia en ese Tercio. Entre esos destinos estuvieron los cuarteles de Matanzas, Cárdenas, La Habana y Santiago de Cuba.

A finales de agosto de 1857 fue baja de ese regimiento, al ascender a capitán por antigüedad el 24 de junio de ese año. Había sido ascendido a ese grado “por gracia general” con anterioridad, el 20 de diciembre de 1851. En 1857 pasó brevemente de nuevo por el de la Corona hasta el 23 de septiembre de 1857. Fue entonces destinado, por segunda vez, al Tercio de la Guardia Civil, con un destino que abarcó el resto de su estancia en la isla de Cuba, hasta diciembre de 1866. Permaneció en la ciudad de Santiago del Bejucal, en la que nacieron sus hijos Calixto (1858), María de la Concepción (1860) y Zoe (1865).

Calixto Granados había contraído matrimonio entre 1853 y 1856 con Enriqueta Campiña de los Herreros en La Habana, siendo ya capitán “por gracia general”. La fecha de 1853 es la propuesta por Walter Clark en su biografía de Enrique Granados, en la que menciona en la nota correspondiente que los datos biográficos de Calixto Granados Armenteros provienen de su expediente militar. No obstante, en dicho expediente no consta la fecha, ni siquiera la petición del permiso de matrimonio. Lo que sí está documentado es que en octubre de 1856 se concedió a su mujer la opción a los beneficios del Montepío militar. Si observamos los diferentes destinos del militar en aquellos años, y suponiendo que la boda se celebrara efectivamente en La Habana, tenemos un único periodo de permanencia en esa ciudad: del 17 de febrero de 1855 a finales de julio del mismo año. Puesto que Calixto Granados Campiña, su hijo mayor, nació el 9 de mayo de 1858, cualquier fecha es posible entre 1853 y octubre de 1856.

A finales de diciembre de 1866 Calixto Granados fue dado de baja de la Guardia Civil, quedando “en expectación de embarque y arribo a la Península” hasta el 16 de febrero de 1867. El primer mes de ese periodo lo pasó en La Habana, embarcando allí en el vapor Príncipe Alfonso de la Compañía Trasatlántica el 30 de enero de 1867*,abandonando para siempre la isla de Cuba. Enriqueta Campiña estaba entonces embarazada y daría a luz en Lérida a su hijo Enrique Granados. Desembarcaron del buque en Cádiz, trasladándose a Sevilla, donde permanecieron poco tiempo, y se trasladaron después a Madrid, en donde residieron hasta que el militar recibió su nuevo destino, confirmado el 8 de junio de 1867: el Regimiento de Infantería Navarra número 25, situado en ese momento en la ciudad de Lleida. Se incorporó en el regimiento el 22 de junio, un mes y cinco días antes del nacimiento del compositor Enrique Granados. En la ciudad permaneció hasta mayo de 1868 y allí conoció a José García-Junceda, alférez en el mismo regimiento que Granados. Este militar sería años más tarde el primer profesor de Enrique Granados. La coincidencia de ambos en el regimiento y en la población de Lérida queda acreditada por los expedientes militares de ambos. Además, la firma de ambos apareció en un documento enviado a la reina Isabel II en el que los oficiales del regimiento protestaban por el manifiesto del general Joan Prim i Prats emitido el 25 de septiembre de 1867 desde Ginebra. En él, explicando por qué había huido tras el intento de levantamiento militar de agosto, indicaba que una parte del ejército español estaba a su favor, incluyendo expresamente a algunos regimientos de Cataluña.

No tengo yo la culpa de que a los amigos del campo de Tarragona, Barcelona y Lérida les fuera imposible subir a buscarme, como teníamos convenido, en la hipótesis de que pudiera suceder lo que sucedió.

En el mismo documento acusaba de traidores a España a algunos militares:

Algún día se escribirá la historia de estos tres últimos años. […] Entonces sabrá la España los nombres de los egoístas que han neutralizado nuestros esfuerzos, los nombres de los desertores que han abandonado a sus compañeros, los nombres de los cobardes que han faltado en los momentos supremos a sus compromisos. Me basta hoy consignar mi admiración a los valientes que han hecho esfuerzos heroicos por conquistar la libertad de su patria*.

Tras este manifiesto, el Gobierno español obligó a los oficiales españoles a firmar un texto en apoyo de la reina y en contra del general Prim, que fue firmado por los oficiales de cada regimiento. El texto era ligeramente diferente en cada caso, siendo así el firmado por el Navarra 25:

Lérida 14 de octubre de 1867. Señora: los Jefes y Oficiales del regimiento infantería de Navarra llegan respetuosamente a los R. P. de V. M.* para manifestarle el sentimiento con que han visto algunas alusiones que hace el ex-General D. Juan Prim en el manifiesto fechado en Ginebra el 25 de septiembre último e inserto en varios periódicos de la corte en que tanto lastima la honra de todos los Jefes y Oficiales del ejército. Los que componen este regimiento las rechazan de la manera más solemne y desearían que el mencionado ex-General citase nombres propios, pues de lo contrario dicha está la inexactitud de sus asertos.

Lo firmaban todos los oficiales del Navarra 25, entre ellos el capitán Calixto Granados y el alférez José García-Junceda*.

En mayo de 1868 el regimiento realizó una salida a la población leridana de Tremp*volviendo al cabo de un par de semanas. Fue la primera de una larga lista de salidas que realizaría el regimiento, que incluiría la Seu d’Urgell (2 de agosto a 14 de octubre de 1868), Barcelona (31 de mayo a septiembre de 1869), Tortosa (septiembre de 1869), y de nuevo Barcelona a partir del 24 de ese mes. El día 18 de septiembre la Armada española emitió desde la bahía de Cádiz una proclama revolucionaria, que finalizaba con el grito «¡Viva España con honra!»*, firmada, entre otros, por Joan Prim, Francisco Serrano y el almirante Juan Topete. Varias proclamas más se emitieron esos días, todas con el mismo tono de triunfo de la libertad. Perdidas las esperanzas de una victoria de sus partidarios, la reina Isabel II, que se encontraba de vacaciones en San Sebastián, huyó de España camino del exilio de París, sin abdicar de la corona. Había triunfado La Gloriosa, la revolución del general Joan Prim, una revolución que no tenía como objetivo la proclamación de la República, sino la de la consolidación de una forma de gobierno constitucionalista.

El 25 de septiembre, al día siguiente de llegar a la ciudad condal, Calixto Granados vivió allí una insurrección. Se trató de un enfrentamiento armado entre las tropas leales al gobierno revolucionario, en aquel momento a cargo del militar Joan Prim, y de un grupo de milicianos autoproclamados Voluntarios de la Libertad. Las calles de la ciudad vivieron durante dos días varios choques armados, que se vieron agravados por la coincidencia en el tiempo con una protesta obrera. La visión general, incluida la de observadores extranjeros*, fue que la ciudad condal se vio invadida a partir del 23 de septiembre por fuerzas militares progubernamentales, que hicieron frente a una amenaza latente. La actuación de Calixto Granados en esos días le valió el ascenso a teniente coronel, como recompensa, que fue firmado el día 24 de octubre siguiente. En un año había pasado de firmar un texto de apoyo a la reina Isabel II, y en contra del general Joan Prim, a defender al gobierno de ese mismo general contra una posible sublevación.

Los desplazamientos del regimiento por Cataluña continuaron después de sofocar aquel levantamiento. Así, salió hacia Girona el 5 de octubre, desde donde partió en operaciones por poblaciones cercanas, regresando a Barcelona, hasta que a finales de noviembre se desplazó a Berga. En 1870 continuaron las operaciones por Cataluña, iniciadas en Vilafranca del Penedès, Igualada y Tarragona, hasta que a finales de julio fue nombrado comandante, con la adjudicación de destino en las Milicias de Canarias de Granadilla de Abona, donde asumiría el cargo de su nuevo rango. La familia llegó a Santa Cruz de Tenerife el 5 de julio de ese año, tras embarcar en Cádiz el día 2, y llegó por fin a Granadilla el día 12, tras una semana de estancia en Santa Cruz. El periodo en Abona está ampliamente cubierto por los legajos C-6681 y C-6686 de su expediente militar. En él se detalla desde la recepción del mando, el 14 de julio, recibido del capitán comandante accidental, Antonio Domínguez y Villarreal, hasta su marcha a principios de 1872, con la entrega de la comandancia a su sucesor accidental el día 28 de enero. La estancia en Abona incluyó dos periodos de baja por enfermedad, el primero de ellos seguramente de cierta importancia, que quizás justificara el recuerdo de infancia del compositor acerca de una caída de caballo de su padre. El 24 de abril de 1871 comunicó haberse hecho cargo de nuevo de la comandancia

restablecido de las graves dolencias que me postraron en cama en 16 del próximo pasado [marzo].

El otro episodio de baja se produjo pocos días antes de la finalización de su servicio en la isla, lo que podría haber dado pie a Enrique Granados a pensar que su padre tuvo que dejar la isla a causa de su estado físico, al haber sido destinado a la Península justo tras caer enfermo. Su baja se produjo el 24 de enero de 1872, por enfermedad según su expediente. El día 7 de febrero se firmó su nuevo destino y se le entregó el correspondiente pasaporte el 22 del mismo mes. Tras un nuevo viaje en barco se incorporó al Regimiento de Infantería Navarra 25 en Barcelona en febrero de ese año, con el cargo de Comandante del Detall.

Su nuevo destino estuvo asociado a operaciones por diferentes puntos de Cataluña, en este caso relacionadas con la guerra carlista, que comenzaron el 12 de julio en la provincia de Girona, con una nueva salida por la misma zona en agosto. El 11 de febrero de 1873 se proclamó la Primera República Española, tras la abdicación del rey Amadeo de Saboya. En ese año Calixto Granados participó en acciones anticarlistas en la Noguera y Castellterçol contra las tropas comandadas por Josep Guiu y Francesc Huguet. Más tarde participó en el levantamiento del sitio de Igualada de las tropas carlistas y el 22 de abril luchó contras las del cabecilla carlista Martí Miret i Queraltó. Más tarde, a finales de mayo, contras las de Francesc Vallès i Rosselló (1820-1912) en la Pobla d’Agramunt, regresando por fin a Barcelona el 5 de junio, donde permaneció el resto del año.

El 3 de enero de 1874 tuvo lugar el golpe de Estado del general Manuel Pavía, con la ocupación del Congreso de los Diputados por parte de fuerzas militares. Se trató de un golpe de republicanos contra la República, que inició la Dictadura del general Francisco Serrano. Hubo poca repercusión en Barcelona, en donde preocupaban más las aproximaciones carlistas a poblaciones cercanas a la ciudad condal, como la de Manresa. En el expediente militar de Calixto Granados se indicaba su participación en «los sucesos que tuvieron lugar en Barcelona los días 2 al 11 del mes de enero y el 28 del mismo mes», unos sucesos relacionados con el golpe de Estado. Nuevas incursiones carlistas obligaron a su batallón a desplazarse a Girona, Sant Feliu de Guíxols y Tarragona a lo largo del año, que acabó con un nuevo desplazamiento a Girona. En una de aquellas operaciones se produjo un enfrentamiento que quedó reflejado en su expediente militar: en el mes de marzo de 1874 la columna del general Eduardo Nouvilas, perteneciente al mismo Regimiento Navarra 25 en el que estaba destinado Calixto Granados, se dirigió hacia las inmediaciones de la Castellfollit de la Roca, cerca de la base de operaciones, que estaba en Olot. Allí fueron atacados por el grupo de carlistas dirigido, entre otros, por Francesc Savalls i Massot (1817-1886), Francesc Huguet y Martí Miret, en un número muy superior al de las fuerzas de Nouvilas. Disperso el ejército gubernamental, quedó en el campo de batalla el capitán Eduardo Temprado Pérez (1838-1874) con algunos de sus hombres. Los carlistas dieron muerte a varios militares gubernamentales, entre ellos al capitán Temprado. Calixto Granados, como comandante del detall, decidió entonces entregar a las viudas medias pensiones para que pudieran hacer frente a una situación económica insostenible, antes de que fueran oficialmente concedidas.

El 13 de marzo de 1875 volvió a Barcelona, donde permaneció hasta la baja del servicio, a finales de mayo de ese año. Se habían acabado por fin los interminables desplazamientos que la vida militar le deparó en aquella época de guerras carlistas. Falleció en la ciudad condal el 24 de junio de 1882, a consecuencia de una mielitis, según la inscripción de defunción*. Fue enterrado en un nicho del Cementerio de Montjuïc perteneciente a la familia de su amigo José García-Junceda, propiedad de la madre de éste, Patricia Mesanza.

Calixto Granados recibió a lo largo de su vida varias distinciones militares: en 1855 una medalla por “actos en bien de la `patria”, por su intervención en las primeras insurrecciones de la guerra de independencia de Cuba; en 1860, por Real Orden de 6 de marzo, fue nombrado Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, con antigüedad de 14 de abril de 1859, una distinción que también había recibido su padre, Manuel Granados, en 1845; en 1871, por Real Orden de 3 de febrero, se le concedió la Cruz de 2ª Clase del Mérito Militar.

 
Notas

1. Miguel Armenteros y Guzmán y Ayala fue hijo de Juan José Armenteros y Guzmán y Sotolongo y de Gregoria de Ayala y Cepero, quienes contrajeron matrimonio en La Habana el 29 de septiembre de 1751.

2. Santa Cruz y Mallen, Francisco Xavier de. Historias de familias cubanas, Tomo III. La Habana, Editorial Hércules, 1942. página 19.

3. Santa Cruz y Mallen, Francisco Xavier de. Historias de familias cubanas, Tomo II. La Habana, Editorial Hércules, 1940, página 91.

4. Era un buque moderno, fabricado en 1863 en Dumbarton por William Denny & Brothers, con 3.475 toneladas de peso muerto, una eslora de 85,7 metros y una manga de 10,4. Podía trasladar unos mil pasajeros. Fue rebautizado en 1869 como Guipúzcoa, acabando su vida útil en 1894. Este buque fue uno de los que inauguraron el transporte de correspondencia por parte de la Transatlántica entre la Península y el Caribe en 1863, tras ser adjudicada la concesión a la compañía.

5. “La correspondencia de España”, año XX, número 3.612, edición de la noche, 2 de octubre de 1867. pp. 1-2.

6. Reales Pies de Vuestra Majestad.

7. “Gaceta de Madrid”, año CCVI, número 301, 28 de octubre de 1867, p. 6. José García-Junceda había sido ascendido a teniente en septiembre, pero en la firma de la carta a la reina aparece todavía como alférez. Quizás no se había recibido aún el nombramiento cuando se redactó el escrito.

8. El Navarra 25 no intervino, pues, en la expulsión de España de los seguidores del general Prim.

9. Numerosos documentos indican también la frase “¡Abajo los borbones!”, pero ésta no aparece en la Gaceta del Madrid del 3 de octubre de 1868, que contiene el texto completo de la proclama. Los textos de todas ellas contienen frases de esperanza y de consecución de las libertades nacionales, sin incluir ataques a ninguna persona de la monarquía.

10. Como el cónsul de los E.E. U.U. en Barcelona, Charles A. Perkins. US NARA, Department of State, T121/15 Rolls: Despatches from US Consuls in Barcelona (Spain) (1797-1906), Roll 6: carta del cónsul Charles A. Perkins al Secretario de Estado Hamilton Fish de 27 de septiembre de 1869.

11. Registro de Defunciones de Barcelona, libro de 1882, entrada 4566. En el registro se indica una edad, equivocada, de 56 años al morir. También se hace constar el domicilio, en el 126 de la Rambla de Catalunya, el mismo edificio en el que vivía la familia García-Junceda.

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