Yannick Nézet-Séguin es un director deslumbrante y abrazado por el éxito. Su carrera es una de las más notables internacionalmente y el público le aplaude muchísimo (incluso para los estándares de la Donostia estival). Tiene también un indudable estilo propio, un sonido brillante, pulido y algo metálico, y ahí surge el problema: su estilo, que tan bien le funciona, se interpone permanentemente entre la partitura y el público. Siempre es Yannick, como el márketing se dirige a él y además, detrás de él, están los compositores… casi siempre. Si algún día llego a poseer un robot capaz de guardar la casa, ser atento con las visitas y exquisito mayordomo, correcto cocinero y centro multimedia lo llamaré Yannick. Es un elogio. Hábil planchando, aunque indiferente al tejido: lino o algodón o sintético, todo se plancha igual y todo sale sin…
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