Desafiando el frío de la calle y el propio de un templo, numeroso público se reunió para escuchar estos dos estrenos ofrecidos por la orquesta salteña y su directora asistente. Primero fue el Divertimento para cuerdas de 1939 una de las últimas obras escritas por Bartok en Europa, concretamente en Suiza donde había sentado raíces en busca de la paz y tranquilidad antes de que el enrarecido ánimo reinante en Europa por el nazismo lo envolviera con el manto negro de la desgracia que él preveía. Bartok era un hombre que amaba la libertad y dentro de ella un socialismo que protegiera al campesinado que tanto quería. Hombre pacífico, de enorme cultura, sobresalía en su entorno por la mirada que esa cultura le proveía. Su vida hasta ese momento no había sido fácil pero estaba cargada de hechos que lo marcaron para siempre. La muerte de su…
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