La idea de comenzar con la Novena fue acertada porque quitó esa expectativa de apoteosis o juicio final que le da al público cuando un director la deja para lo último en un ciclo integral de sinfonías de Beethoven. Y por razones de acústica, Currentzis y los organizadores del Festival de Salzburgo se inclinaron por darla en esa sala enorme, única, llamada de la Escuela de Equitación o Felsenreitschule, con la tarima orquestal ubicada contra esa galería de arcadas cavadas en el siglo XVII en la roca de la Monchberg, el peñón contra el cual se apoya también la escena de la Gran Sala de los Festivales o Grosses Festspielhaus. Para el resto de las sinfonías Currentzis y su Orquesta MusicAeterna se trasladaron a la íntima sala neobarroca de oro y blanco del Mozarteum al otro lado del rio.
La expectativa frente a la Novena era como para un…
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