Magnífica la interpretación que la sinfónica vasca hizo de Hilarriak, una composición espléndida de Ramon Lazkano, para arrancar una nueva temporada con Treviño en la titularidad de la orquesta. Qué obra: densa y sin embargo leve, cuajada de ritmos y colores, y sin embargo permanentemente velada por evocaciones fúnebres. Una de esas partituras que llenan de sentido por sí solas un programa de concierto, un ideario de una orquesta nacional y un cometido para el público: nadie dijo que escuchar música sea una tarea sencilla ni cómoda, al contrario, requiere de una participación constructiva, es un ejercicio consciente y exigente al que Lazkano convoca con fuerza y sutileza. Excelente la orquesta, sección por sección, y emocionante Treviño al lanzar sobre las butacas un reto y una apuesta. El reto, atraer sin concesiones al terreno menos…
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