Música popular

Winterreise entre tangos y milongas

Juan Carlos Tellechea

lunes, 5 de noviembre de 2018
Judith Brandenburg © 2018 by Lutz Matschke

La pluralidad de estilos y la multiplicidad de formas y temas musicales caracterizaron el XIII Festival de Bandoneón de la ciudad de Krefeld clausurado con total éxito de público y crítica el pasado viernes 12 de octubre. El cuarteto Tango Fuego* (Detlef Strüwe, piano y composición; Sebastian Reimann, violín, Pato Lorente, bandoneón, Fritz Roppel, contrabajo), fue el encargado de cerrar el evento en la sede de la Universidad Popular (Volkshochschule) de esta urbe a orillas del Rin.

La afluencia de público interesado fue muy significativa, con entradas agotadas desde hacia semanas, y satisfizo plenamente al director del evento, Jürgen Eichendorf, quien prepara ahora la próxima edición de esta bienal del bandoneón, prevista para 2020, como al director del área de Educación Cultural de la Universidad Popular, Andreas Gräbner.

Por primera vez, el alcalde de Krefeld, el socialdemócrata Frank Meyer, entregó este año el Bandoneon Preis (Premio Bandoneón) de Krefeld a la celebrada intérprete, compositora y pedagoga berlinesa consagrada a la enseñanza de este instrumento, Judith Brandenburg*, quien ofreció ese mismo día un recital con su trío La Bicicleta, ejecutando, entre otras piezas, una versión instrumental de Winterreise de Franz Schubert, de su propia autoría. La dotación de 2.000 euros del galardón lo destinará Brandenburg a la preparación de un nuevo libro suyo sobre el estudio del bandoneón, inventado entre 1844 y 1850 por el comerciante en instrumentos musicales, profesor de música y violonchelista Heinrich Band en Krefeld.

Una velada porteñísima dejó el Cuarteto Gabriel Merlino* el sábado 7 de octubre con un programa abundante en temas menos conocidos (en Alemania) y otros celebérrimos que fascinaron a la platea por la manera de interpretarlos, verbigracia el bolero Quizás, quizás, quizás, del cubano Osvaldo Farrés, y el entrañable valsecito Alma, corazón y vida, del popular compositor peruano Adrián Flores Albán:

(…) Oye esta canción que lleva

Alma, corazón y vida

Esas tres cositas nada más te doy.

Porque no tengo fortuna

Esas tres cosas te ofrezco

Alma, corazón y vida y nada más.

Alma para conquistarte

Corazón para quererte

Y vida para vivirla junto a tí.

Tango Fuego*, originario de la ciudad renana de Colonia, ejecutó con gran virtuosismo variados y brillantes temas compuestos por Detlev Strüwe (La salida, Anhelo, Milonga 112, Don Leonardo, éste con la coautoría de Sebastian Reimer, Confesión: Los recuerdos, Viejo cine), además de autores clásicos como Juan Razzano/Lito Bayardo (Duelo criollo), Vicente Romeo/Juan Andrés Caruso (Un placer), Mariano Mores/Dante Gilardoni (Taquito militar), Aníbal Troilo/Homero Manzi (Romance de barrio) o (los hermanos) Nicolás Luis y Juan Ventura Cuccaro/Ernesto Nolli y Orlando D'Aniello (Silueta porteña) con una maravillosa diversidad estilística (se advierten en los arreglos influjos chopinianos, bartokianos, debussyanos, stravinskianos) repleta de poesía urbana.

Strüwe* (formado en la Universidad de Colonia), admirador de Astor Piazzolla y su Nuevo Tango (toca aquí Soledad y Oblivión), se muestra asimismo como un serio conocedor de los lenguajes y formas acuñados en la primera mitad del siglo XX por figuras como Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo, Francisco Canaro, Armando Pontier, Donato Racciatti, pero también por José Libertella y Luis Stazo (Sexteto Mayor), además de Troilo y Mores.

El bandoneón de Pato Lorente* llamó mucho la atención por su singular timbre. El belga (flamenco) Lorente, cuyo verdadero nombre es Patrick van Keirsbilck, pulsa un instrumento contruido entre 2003 y 2004 por el lutier Harry Geuns de Molenbeersel (Bélgica). Esta embriagadora velada de cierre fue aclamada por los espectadores que colmaban la sala de actos de la Universidad Popular de Krefeld.

La cita con Gabriel Merlino*, su casi centenario bandonéon (un mítico Premier, de Alfred Arnold) de finales de la década de 1920 y sus excelentes músicos, el pianista Pablo Woiz y el violinista Amadeo Espina transcurrió como si hubiéramos estado en pleno centro de Buenos Aires, tan entrañable y cálido fue el encuentro. El fueye de Merlino, de inimitable sonido, perteneció a un abuelo suyo y llegó de generación en generación a sus jóvenes y creativas manos. Por lo que vi en el festival, Merlino fue el único que (al menos en una pieza) tocó de pie el instrumento con una pierna apoyada sobre una banqueta de piano. Todos los demás bandoneonistas lo hicieron sentados durante todo el tiempo transcurrido en sus respectivos conciertos.

Vanina Tagini* (ahora me valgo de una paráfrasis de la letra del tango Malena, de Lucio Demare y Homero Manzi) pone realmente su corazón en cada verso que canta y su voz, inconfundible, perfuma a yuyo del suburbio cuando entona con gran pasión y emoción ante un público embelesado, por ejemplo, Yo soy María (de la operita María de Buenos Aires, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer) o El abrojito (Luis Bernstein/Jesús Fernández Blanco): Llevo, como abrojito, prendido/ dentro del corazón una pena/ porque te fuiste, ingrata, del nido/ y mi vida tan serena/ condenaste así al dolor./ Nunca podré arrancar de mi pecho, ¡nunca! el abrojito punzante./ Y ando, por todo el mal que me has hecho/ con el alma agonizante,/ sin fe, sin nido, sin amor... (…).

O cuando en un tono más intimista e inspirado Tagini vocaliza Romance de barrio (Aníbal Pichuco Troilo/Homero Manzi) 

Primero la cita lejana de abril,

tu oscuro balcón, tu antiguo jardín.

Más tarde las cartas de pulso febril

mintiendo que no, jurando que sí.

Romance de barrio tu amor y mi amor.

Primero un querer,

después un dolor,

por culpas que nunca tuvimos,

por culpas que debimos sufrir los dos.

Y cuando con gran exaltación Tagini nos deja Ave de paso (Charlo/Enrique Cadícamo), evocando un supuesto affaire del compositor con la cantante de samba y actriz luso-brasileña Carmen Miranda en 1937 durante una travesía marítima entre Buenos Aires y Río de Janeiro:

Ha llegado el momento querida,

de ausentarme quién sabe hasta cuándo.

En mis labios se asoma temblando

una mueca que dice el adiós...

Nuestro amor fue un amor del momento,

mi cariño fue un ave de paso

y tu beso de miel y de raso

fue un vaso sagrado que no olvidaré.

Adiós, muñequita de cobre!

Muchacha morena, tu amor tropical

exhala en mi alma su risa salobre

como una canción sentimental.

La luna de Río se queda

para que en las noches le cuente que yo/ pasé por tu lado,

viajero incansable,

pasé por tu lado y dejé el corazón. (...)

Entre compases de tangos, milongas y valses al mejor estilo clásico y/o apiazzollado, según los casos, giró VWinterreise con 12 (de los 24) Lieder de Franz Schubert (sobre versos de Wilhelm Müller) escrito un año antes de su prematura muerte, en la singularísima versión instrumental de Judith Brandenburg, con su trío La Bicicleta. Die Wetterfahne (La veleta) y Gefrorene Tränen (Lágrimas heladas), respectivamente el segundo y el tercero de los Lieder, ejecutados a tiempo rápido y con gran vigor, diría que hasta con rotunda ira, subrayan fuertemente el ritmo (vienen pronto a la mente estilos como los de Osvaldo Pugliese o Aníbal Troilo en sus composiciones), la inquietud, las pulsiones del solitario caminante que evocan el dolor de un amor no correspondido.

Judith Brandenburg* explora con afán curioso e inquisidor y frecuentes cambios de tonalidad las reflexiones meditativas de Schubert, signando sus diferentes estados de ánimo (desde la alegría a la desesperación, hasta llegar al tono sombrío y melancólico final). Ella misma, confiesa al introducir la obra, que fue la primera sorprendida por la ductilidad con que se adaptan a las híbridas formas del tango, no ajenas a estos sentimientos, por supuesto.

La versión de Brandenburg abarca, además de las dos canciones mencionadas más arriba, las tituladas Gute Nacht (Buenas noches), Der Lindenbaum (El tilo), Auf dem Flusse (En el río), Frühlingstraum (Sueño de primavera), Einsamkeit (Soledad), Der greise Kopf (La cabeza cana), Der stürmische Morgen (La mañana tormentosa), Der Wegweiser (El poste indicador de caminos), Mut (Valor) y Der Leiermann (El organillero). Dicho sea de paso, este último y nostálgico personaje mencionado se ganaba la vida paseándose asimismo con sus melodías por las calles de Buenos Aires y Montevideo hasta finales de la década de 1950, con la peculiaridad de que iba acompañado por una cotorrita (pequeño papagayo de plumaje predominantemente verde), encargada de extraer con su corvado pico dorado tarjetitas o papelillos (de la supuesta adivinación) de la suerte, de un cajoncito ubicado bajo su diminuta jaula de madera o de alambre.

El recital ya había comenzado en tono sentimental y reflexivo con Tangrenalin (composición propia de Brandenburg), seguido por el áspero Invierno porteño (de Piazzolla), antes de concluir con el candente Verano porteño (del mismo autor) y Herbst (Otoño), también de la creadora y bandoneonista berlinesa, temas premiados con estruendosos e interminables aplausos y ovaciones de un público hechizado que colmaba hasta la bandera la histórica Sala de los Caballeros (Cruzados) del castillo (medieval) y museo de Linn a las afueras de Krefeld.

Notas

2 de octubre de 2018. Burg Linn. La Bicicleta (Judith Brandenburg, bandoneón y composición; Corinna Söller, piano y arrgelos; Florian Kellerhals, violín y arreglos). Tangrenalin, Improvisatorische Instrumentalfassung von Liedern aus Franz Schuberts Winterreise (Versión instrumental improvisación sobre el ciclo de Lieder Viaje de invierno, de Franz Schubert), Herbst (Otoño); Astor Piazzolla, Invierno porteño, Verano porteño. La Bicileta (Judith Brandenburg bandoneón y composición; Corinna Söller, piano y arreglos; Florian Kellerhals, violín y arreglos). 100% del aforo.

7 de octubre de 2018. Burg Linn. Gabriel Merlino Quartett (Gabriel Merlino, bandoneón y arreglos; Vanina Tagina, canto; Amadeo Espina, violín; Pablo Woiz, piano). Gabriel Merlino, El encuentro, Sauvage, Balada de la musa; Astor Piazzolla, Vuelvo al sur (con Pino Solanas); Los pájaros perdidos (c. Mario Trejo), Oblivión, Libertango; Yo soy María (c. Horacio Ferrer, Aníbal Troilo, Romance de barrio (c. Homero Manzi), Che bandoneón (también con Manzi), La trampera (con Roberto Grela); Charlo/Enrique Cadícamo, Ave de paso; Amado Regis, O samba e o tango; Homero Manzi/Félix Lipesker, Gota de lluvia; Mariano Mores/Rodolfo Taboada, Taquito militar; Julián Plaza, Danzarín; Carlos Gardel/Alfredo Lepera/Mario Batistella; Edgardo Acuña, Tango varón; Sebastián Piana/Homero Manzi, Milonga sentimental; Adrián Flores, Alma, corazón y vida; Pedro Maffia/José Horacio Staffolani, Ventarrón; Osvaldo Farrés, Quizás, quizás, quizás; Luis Bernstein/Jesús Fernández Blanco, El abrojito.

12 de octubre de 2018. Volkshochschule Krefeld. Tango Fuego (Detlef Strüwe piano y composición; Sebastian Reimann, violín; Pato Lorente, bandoneón; Fritz Roppe, contrabajo). Juan Razzano, Duelo criollo; Vicente Romeo, Un placer. Mariano Mores, Taquito militar; Detlef Strüwe, Milonga 112, La salida, Anhelo, Tango ciudad, Confesión: Los recuerdos, Toxicómano, Viejo cine; Aníbal Troilo, Romance de barrio; Astor Piazzolla, Soledad, Oblivión; hermanos Nicolás Luis y Juan Ventura Cuccaro. 100% del aforo.

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