Seis años y algunos meses habían pasado desde la última vez que el público del Teatro de la Maestranza disfrutó de este título, insignia del belcanto italiano por la perfección de sus páginas y la dificultad de su escritura. Y resulta curioso que, en esa ocasión, y en la anterior de los noventa, los triunfadores de las producciones fueran voces patrias, de Alfredo Kraus a Mariola Cantarero o Juan Jesús Rodríguez, entre otros. En esta, se continuaría la tradición.
Leonor Bonilla no debutaba en el Maestranza, pues es el teatro en el que comenzó como corista y ya se le había dado la oportunidad de presentarse como una pizpireta Giannetta de L’Elisir d’amore, pero sí que ha podido esta vez llegar con más fuerza a un mayor número de público. ¡Y con qué fuerza! Sí debutaba el rol, y esto es lo sorprendente, ya que, tanto desde el punto de vista…
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