Londres, 11 de noviembre de 2018. A las once de la mañana del día once del onceavo mes del año, la anciana monarca de Gran Bretaña volvió al cenotafio londinense para un rito de obsoleto protocolo militarista. La ceremonia instrumenta un armisticio centenario para glorificar no sólo a los soldados muertos durante la Primera Guerra y la Segunda, sino también las subsiguientes, algunas libradas por razones éticamente discutibles. En Gran Bretaña basta con morir en campaña para ser “héroe”, sin distinción sobre si algunos de estos héroes mataron a inocentes en guerras inexplicables. En contraste, Alemania ha reciclado su pasado para abolir el uso de la palabra “héroe” en cualquier contexto militar o casi diría que en cualquier contexto.
Y lo mismo hace en su Requiem de guerra Benjamin Britten, el gran pacifista y antihéroe británico que se…
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