Por ser un concierto de gran tenor con arias de óperas con páginas operísticas sinfónicas intercaladas, en apariencia muy previsible, resultó no sólo de gran éxito (previsible), sino de mayor presencia de público, más calor durante y sobre todo al finalizar, y una ejecución que superó la acostumbrada modestia de la parte orquestal cuando hay una ‘star’ (habrá sido porque no es tan mediática esta como algunas otras que llevan maestros francamente deplorables) y la previsible ración de lucimiento vocal, en especial de notas agudas.
Se trataba del primer concierto con orquesta de Beczala en el Liceu y en Barcelona (ha hecho otros, con piano, en el Palau, y su debut absoluto fue con un Faust inolvidable, no sólo por su participación, en forma de concierto). Y, como suelen acostumbrar las estrellas, tiene un director particular para estas…
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