En 1998 Cecilia Bartoli y Decca, su discográfica exclusiva, lanzaron The Vivaldi Album con Giovanni Antonini e Il Giardino Armonico. Se trataba de un nuevo concepto de producto discográfico, por muchas razones: la presentación a modo de librito, extremadamente cuidada, con un ensayo de alta divulgación de Claudio Osele más profundo que las notas al uso, y un despliegue visual como nunca hasta entonces. Hicieron historia patentando una fórmula a la que hoy no se resiste ninguna discográfica. Más aún, en el mundo barroco es obligada.
Veinte años después es fácil minusvalorar el riesgo que tomó el sello, a pesar de que Bartoli era una joven estrella consolidada. Precisamente porque este álbum la catapultó a otra dimensión que, realmente, ningún otro cantante lírico ha logrado, y porque hemos normalizado la fórmula del éxito. Hasta el punto…
Comentarios