El auditorio Euskalduna desprendía aroma británico gracias al concurso en el programa de Stephen Hough y las Enigma de Elgar. Se estrenaba un encargo de la orquesta a Hough, sin duda más convincente como pianista que como compositor, y resultó una obra aseada y sin pretensiones. Agata: a Basque fantasy, que visita una canción vasca muy popular e incorpora al txistu en la instrumentación, retrotrae al oyente a la atmósfera de algunas pequeñas piezas tonales de principios del XX y no descolla ni como fantasía ni desde luego como fantasía vasca, al ser abrumadoramente superficial asumiendo tanto el tema folclórico como el sonido del txistu; pero es agradable como uno de esos blancos ligeros (sin aguja) que, lejos de condicionar el paladar, se diría que lo limpian. Un pórtico correcto antes de escuchar a Hough haciendo el concierto de Dvorak.
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