Olvídense ustedes de frentes marchitas, nieves del tiempo y demás imaginería tanguista. Para Cecilia Bartoli, treinta años, que es el tiempo que hace que debutó en la Ópera de Zúrich, no es nada en sentido literal, o al menos eso se diría al verla y escucharla en el escenario del encantador teatro suizo. Recuerdo aquel disco de Arie antiche sacadas de la entrañable colección de Parisotti, editado en el año 92, y el color, la ligereza, el agudo cristalino y la facilidad para las agilidades siguen estando ahí, sabiamente administradas. Es bien sabido que su voz no es excesivamente potente, por lo que un recinto de las dimensiones del de la Ópera de Zúrich resulta ideal para ella, así que es lógico que en él se sienta como en casa, y que el trigésimo aniversario de su debut en el mismo se haya convertido en una gran celebración para…
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