España - Cataluña

Concurso internacional de canto Tenor Viñas 2019. Prueba final

Jorge Binaghi

lunes, 28 de enero de 2019
Barcelona, viernes, 25 de enero de 2019. Gran Teatre del Liceu. 23 finalistas y diversos pianistas acompañantes.
Concurso Tenor Viñas 2019 © Gran Teatro del Liceu

Esta vez tuve oportunidad de asisitir a una de las pruebas preliminares/eliminatorias y a las dos semifinales que tuvieron, todas, lugar en la magnífica sala del Conservatori del Liceu. Todos los consultados y todos los comentarios oídos estuvieron de acuerdo en que el nivel era inusualmente alto. Y sin embargo… Los designios de los jurados (cualesquiera, no éste en concreto) son, como los que dicen del Señor, inescrutables. Y por lo tanto hay que aceptarlos porque es lo que hay. Sin embargo, los que no estamos tan seguros del Señor ni de los resultados visto el mundo en que nos encontramos, tenemos el derecho a aceptar aunque dejemos claro que eso no significa acatar ni, sobre todo, entender. Alguno podría llamarlo derecho al pataleo, otros, rebelión en la granja: no creo que se trate de ninguna de las dos cosas, sobre todo a nivel de un concurso de canto, por más renombrado –con justicia- que sea. Cuando enseñaba intentaba que mis alumnos, además de aprender una serie de cosas, se acostumbraran a preguntar ‘¿por qué?’ cada vez que no entendían algo, y no sólo respecto de un contenido concreto. Es lo que hicieron mucho de los antiguos griegos y algunos romanos y es lo mejor que le ha ocurrido a esta rara especie humana.

Siete candidatos más que el año pasado dan cuenta de que esta vez hubo un nivel muy alto, pero yo lo he visto reflejado sólo parcialmente en este primer palmarés. Un nutrido grupo de los ‘buenos’ o excelentes accedió a la final, pero otros cuantos dignos de lo mismo (al menos en mi entender) quedaron para mejor ocasión, mientras fueron admitidos algunos ‘correctos’ o ‘discretos’ y alguno algo menos que eso (pero prefiero no dar nombres a menos que alguno obtenga un premio y entonces tendré que hacer la reseña el domingo luego del concierto de clausura; ya sé que no me distingo por mi coincidencia con el criterio –o los criterios- de los diversos jurados).

Lista de finalistas y premiados

AYON, Ivan. Tenor. Perú. 1º premio exaequo

CHUNG, Siman. Contratenor. Corea del Sur. 6º premio

DEL RÍO, Laura España 

JO, Gyuseok Corea del Sur 

KHISMATULLINA, Aigul. Soprano ligera. Rusia. 1º premio exaequo

KIM, Daeho Corea del Sur 

KIM, Hayan Corea del Sur 

LONG, Long. Tenor. China. 3º premio

MATEOS, Juan de Dios España 

MIHELAC, Jaka. Barítono. Eslovènia. 4º premio

MILLER, Vero Alemania

O'HANLON, Emmett USA

PARK, Kihun Corea del Sur 

PLUZHNIKOVA, Valentyna. Mezzo. Ucrania. 5º premio

PRÝGL, Boris Chequia 

RAVEN, Taylor USA

REDPATH, Liv. Soprano lírico-ligera. USA. 2º premio

SCHARFMAN, Jacob USA

SEKERINA, Oksana Rusia

SOKOLOV, Petr Rusia

VARDANYAN, Gagik Armenia 

ZAPATA, Maria España 

ZGOURIDI, Melissa USA

Una conocida dijo al finalizar el concierto de hoy ‘el peruano juega en otra liga’, y ese podría ser el resumen. Pocas dudas caben de que Ivan Ayon fue el mejor. Pero también es cierto que hace al menos dos años canta con intensidad en Italia primeros papeles en primeros o segundos repartos (con su nombre completo, Ivan Ayon-Rivas). Eso se nota en el aplomo, la desenvoltura, la soltura vocal que sólo da una frecuentación del escenario (por cierto, ya había hablado yo bien de él –menos mal- cuando apareció como Don Gaspar en una Favorite de Venecia, donde llamaba la atención pese a la calidad de los dos protagonistas). Es completamente legítimo que se presente, pero es claro que comporta una desventaja para los otros concursantes, aunque algunos tengan su escasa experiencia escénica (o no tanto). Ni siquiera con Tamara Wilson en los últimos diez años la diferencia era tan grande. Y no sé si en un concurso no habría que tomarlo en cuenta para no penalizar injustamente ni al uno ni a los demás. En todo caso presentó una versión ejemplar de la difícil aria de Il corsaro verdiano (ni la mejor ópera ni la mejor aria para tenor de su autor, pero con un recitativo y una cabaletta que es un claro precedente de ‘Di quella pira’). Se tomó más libertades con ‘Che gelida manina’ (en el texto, en la respiración), pero logró que pasaran inadvertidas. Obtuvo sendas enormes ovaciones, y eso que, curiosamente, como en la semifinal, fue el último candidato en intervenir.

Vayamos a los otros mortales… No pienso hablar de veintidós más porque me parece excesivo y un cansancio para todo el mundo. Los que no mencione explícitamente pertenecen al grupo antes indicado donde las notas generales (juntas o por separado) podrían ser la ejecución con técnica por lo general correcta, falta de expresividad o expresividad equivocada, gestos convenidos, dicción confusa, incorrección estilística, timbre anodino y alguna cosa más que no he apuntado.

Como alguna participante del último concurso se ha quejado de mi sexismo por haber comentado admirativamente pero no del todo positivamente su atuendo diré que esta vez, salvo algún caso mucho menos llamativo, señores y señoras se movieron dentro de la ‘corrección’ o ‘seriedad’ sin que estén reñidas con la elegancia (sobre todo porque puede ser un intento –sutil- o no de atraer atención; y la prueba está en que entre los caballeros, siempre más uniformes, alguno que se presentó de modo excesivamente informal en la semifinal puede haber sufrido algo por eso).

Personalmente el único cantante que realizó una interpretación seria, además de vocalmente brillante, fue el barítono checho Boris Prýgl que presentó el aria del Conde de Bodas de forma sobresaliente desde cualquier punto de vista. Como segunda opción eligió algo extraño para mí en un concurso: el ‘arioso’ de Silvio (sin las frases de Nedda en lo que en realidad es un dúo) de Pagliacci, donde un par de agudos no fueron oro de ley, pero la intención fue también notable.

Valentyna Pluzhnikova (mezzo rusa) tiene una voz bella y oscura, pero su emisión gutural no conviene ni a ‘O mio Fernando’ ni a ‘Va pure di altro in braccio’ de La finta giardiniera.

Oksana Sekerina (soprano rusa) tiene una voz también oscurísima, de verdadera soprano spinto con la curiosidad de que el volumen se pierde o se vuelve inestable en centro o grave en frases claves (‘Ernani, involami’, escena completa, y sólo el aria ‘D’Oreste, d’Aiace’ de Idomeneo, que me pareció más lograda).

Taylor Raven (mezzo americana) cantó también ‘O mio Fernando’ y ‘Stella del marinar’, el aria de Laura de La Gioconda, que es una buena elección y nunca o casi se oye en estos casos. Voz importante, algo tirante en los agudos y a veces muy abierta.

Aigui Khismatulina (soprano ligera rusa) cantó y también intentó expresar bien los modos tan distintos de la reina de la noche y de la Marfa de La novia del zar.

Siman Chung, el único contratenor admitido (Corea del Sur) tiene voz bella y con volumen con algún agudo estridente, pero tuvo el valor de elegir un fragmento de ópera actual (‘Dawn, still darkness’ de Flight de Dove) y la sensatez de no cantar un aria de Rossini para contralto como hizo en la semifinal (‘Di tanti palpiti’). En cambio cantó la difícil ‘Crude furie’ del Serse de Haendel de modo relevante. De los demás cantantes asiáticos quienes más destacaron fueron dos tenores: el chino Long Long (que cantó con voz oscura y mucha expresividad vocal y hasta gestual) la cavatina de Faust y sobre todo la tremenda escena de Roberto en Le villi de Puccini (‘Torna ai felici dì’ con el peligroso recitativo incluido) que revelan a un tenor lírico con cuerpo. Muy genérico, pero más que correcto fue otro coreano, en ‘Tomba degli avi miei’ y el célebre ‘Lamento’ de Federico de L’arlesiana de Ciléa. Buena parte de los cantantes de esta procedencia tienen cada vez más una tendencia a mover las cejas y abrir los ojos para cantar que hacen pensar en los personajes del cine mudo.

Vero Miller (mezzo alemana) es una buena cantante y se mostró a sus anchas en ‘Parto parto’ de La clemenza di Tito y en la escena del Compositor de Ariadne auf Naxos (‘Sein wir wieder gut’), pero su canto se resintió por poca personalidad.

De los Estados Unidos destacaron la soprano líricoligera Liv Redpath (impecable en la segunda aria de Marie de La fille du régimen y estratósferica en el final de La sonnambula, pero con una sensible versión de ‘Ah non credea mirarti’). Junto con la rusa Khismatullina una buena candidata a primeros premios (siempre en mi óptica).

Taylor Raven (mezzo) cantó también ‘O mio Fernando’ y ‘Stella del marinar’, el aria de Laura de La Gioconda, que es una buena elección y nunca o casi se oye en estos casos. Voz importante, algo tirante en los agudos y a veces muy abierta.

En la categoría lied/oratorio el único concursante interesante (que no me lo había parecido en la semifinal) fue Jacob Scharfman, barítono también estadounidense, con un buen ejemplo de Haendel -aria de su oratorio Joshua­- donde las agilidades fueron diligentes pero poco más, y dos excelentes ejemplos de Schubert, ‘Auf dem Flusse’ y sobre todo un ‘Erlkönig’ muy valioso (donde de las voces la mejor lograda fue precisamente la del rey de los alisos).

He dejado para el final la participación española. Por orden de aparición fueron tres. María Zapata es una muy buena soprano todavía lírico plena que evoluciona hacia el spinto. Eso hace que, aunque muy bien cantada, ‘Pace mio Dio’ careciera de peso en dos o tres momentos (como no había ocurrido con su ‘Tu che le vanità’ en semifinal). El aria de La tempranica (que de todos modos fue mejor que la de La marchenera en seminifinal) se resintió también un poco de esto y sonó más a ópera ‘larmoyante’ que a zarzuela.

Laura Del Río es una soprano coloratura que canta con mucha valentía y desenfado, pero la escena final de Violetta en el primer acto de La traviata se le resiste desde el punto de vista interpretativo. Como ‘Me llaman la primorosa’ de El barbero de Sevilla de Nieto y Jiménez tampoco se trata de una serie de sobreagudos, ‘messe di voce’ y agilidades solamente.

Por último, Juan de Dios Mateos, que en ambas oportunidades tuvo la mala suerte de cantar justo antes que Ayon, y se trata también de un tenor, es un ‘tenorino’ de voz penetrante y bien emitida (la calidad no es su cualidad principal, ni el volumen) que destacó en el bien elegido fragmento de Iopas de Les troyens (‘O blonde Cérès’) con ese punto entre tenor líricoligero y característico y dio una lectura respetable de ‘Ah, mes amis!’ de La fille du régimen, pero que nos retrotrajo a los años cincuenta del siglo pasado antes de Kraus y Pavarotti, o de Flórez y Camarena. Mejor le fue en la semifinal con otra aria ideal para él, la de Narciso en El turco en Italia (‘Tu seconda il mio disegno’). Pero me parece que tiene un buen futuro por delante.

Y ahora quisiera decir que encontré a faltar algunos nombres que escuché en eliminatorias y semifinal, con el riesgo de olvidar un par que me pueden haber impresionado menos: por orden de presentación, también, se trata del bajo Taras Berezhansky (Ucrania), la soprano líricoligera Anna Gillingham (Reino Unido), el tenor lírico Gillen Munguía (País Vasco, obviamente, además de apellido prestigioso en la lírica española), la soprano lírica china Wen Meng Gu (de impresionante extensión en el agudo y con un buen grave), la soprano lírica de Polonia Adriana Ferfecka, y la líricoligera francesa Catherine Trottmann. Hasta el año que viene, esperemos, y antes el concierto de clausura del domingo 27

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