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El Gordo y el Flaco, una amistad de por vida

Juan Carlos Tellechea

viernes, 22 de febrero de 2019
John Connolly: Stan © 2018 by rowholt

El Gordo y el Flaco, rodaron juntos entre 1921 y 1951 más de un centenar de filmes cómicos que hicieron desternillar de risa a varias generaciones de cinéfilos y aún hoy muchas de sus payasadas nos divierten todavía. Una novela biográfica titulada Stan, del escritor irlandés John Connolly (Dublin, 1968), publicada en estos meses en Alemania por la prestigiosa editorial Rohwolt, de Reinbek/Schleswig-Holstein (cerca de Hamburgo), nos habla de la hermosa relación profesional y de amistad que cultivaron los comediantes Stan Laurel y Oliver Hardy durante toda su vida, dentro y fuera de los estudios cinematográficos.

Laurel, cuyo verdadero nombre era Arthur Stanley Jefferson nació en el seno de una familia de artistas teatrales en Ulverston (Inglaterra) el 16 de junio de 1890. Se crió con su abuela materna y cuando la familia se trasladó a Glasgow (Escocia), se formó en artes dramáticas en la Rutherglen Academy. Tras actuar en algunos teatros de variedades de provincia, llegó a Estados Unidos por primera vez en 1910 durante una gira con la troupe del productor teatral londinense Fred Karno (Fred Karno's Army) que integraba también Charlie Chaplin (presumiblemente Londres, 1889-Corsier-sur-Vevey, Suiza, 1977). Cuatro años más tarde, Laurel cumplió una segunda tournée con el mismo grupo y resolvió establecerse para siempre en ese país de América del Norte. Me sentía completamente nutrido con el espíritu del teatro, afirmaría.

Hardy, apodado Babe y cuyo primer nombre de pila era Norvell, nació el 18 de enero de 1892, hace ahora 125 años, en Harlem/Georgia; perdió a su padre cuado tenía 10 meses de edad y vivía con su madre que regenteaba un hotel en la cercana Milledgeville. Como tenía mucho talento para la música y le gustaba el canto asistió irregularmente a clases privadas en la misma localidad y en el Conservatorio de Atlanta. Trabajando a partir de 1910 como proyeccionista y encargado de la gestión del primer cinematógrafo de Milledgeville, el Palace Theatre, se interesó por las comedias del cine mudo y probó fortura en la naciente industria del celuloide norteamericana, en aquel entonces en Jacksonville/Florida.

El primer intento fue fallido. Pero el segundo, en 1914, después de haberse ganado el pan como cantante y casado con su primera mujer, la pianista Madelyn Saloshin, consiguió debutar en el filme Outwitting Dad, de la Lubin Company, al que siguieron otros cortos, Something in Her Eye (1915) y una serie para la Vim Comedy Company a partir de 1916, en algunos de los cuales pudo ejercitarse como joven realizador.

La novela de Connolly comienza al término de sus vidas. Laurel, quien recibió en 1961 un Oscar honorífico por el conjunto de su carrera cinematográfica, vierte en 1965 una mirada retrospectiva a su biografía. Su partenaire Oliver Hardy había fallecido hacía ocho años (el 7 de agosto de 1957 en Hollywood) y ahora percibía que se acercaba su final. El presentimiento de la muerte y la pérdida del entrañable amigo, que lo afectó profunda y decisivamente, determinan el melancólico tenor de esta obra.

Babe era como un hermano para mi, diría Stan tras el funeral de Ollie, al que no pudo asistir por prescripción médica. En junio de 1955 Laurel habia sufrido un leve derrame cerebral que lo dejó imposibilitado por un tiempo. Los restos de Hardy fueron incinerados con ritos masónicos en Beverly Hills y sus cenizas enterradas en el Garden of Hope, la sección destinada a miembros de la masonería, en el Valhalla Memorial Park, en North Hollywood.

Stan y Ollie -de quienes pronto veremos también un filme biográfico homónimo (2018) del realizador escocés Jon S. Baird, con guión del británico Jeff Pope y la actuación del inglés Steve Coogan y del estadounidense John Christopher Reilly en los respectivos papeles protagonistas- se encontraron por primera vez en la cinta muda The Lucky Dog (1918), de la compañía Sun-Lite Pictures, estrenada en 1921. En ese entonces eran dos actores que participaban en la misma producción, pero que no formaban pareja.

Años más tarde volverían a aparecer del mismo modo y sin compartir escena alguna en la producción de Hal Roach (1882-1992) 45 Minutes from Hollywood (1926). Fue en The Second Hundred Years (1927), dirigida por Fred Guiol (1898-1964) y supervisada por Leo McCarey que se presentaron oficialmente por vez primera como dúo cómico establecido. Se le debe a McCarey (Los Ángeles, 1898-Santa Mónica, 1969) la idea de crear a este legendario dúo de fama mundial.

Para El Gordo y el Flaco la transición hacia el cine sonoro fue relativamente facil con el cortometraje Unaccustomed As We Are (1929). Laurel con su acento inglés y Hardy con el sureño suyo dieron una nueva dimensión a sus personajes y demostraron tener gran capacidad para el humor verbal y visual, incluyendo situaciones surrealistas. Los diálogos los utilizaban para enfatizar, más que para segregar, su humor de tipo visual. Hardy hacía la figura del ostentoso Ollie que solo aparentemente superaba a Stan en inteligencia y que debido a esa arrogante y vana postura caía con frecuencia en situaciones absurdas y desagradables. Antes de la formación del dúo, Hardy había actuado ya en 270 filmes mudos, de los cuales un centenar se conserva hasta hoy.

Muchas veces, la actual guerra comercial que libra la bufonesca administración Donald Trump de Estados Unidos (calificativo compartido por un número cada vez más creciente de avergonzados ciudadanos de ese país entrevistados, me consta) con China evocan las escenas de Laurel y Hardy, cuando en sus peleas con un oponente comienzan a destrozar algún objeto estimado por el rival, mientras éste observa impasible, aparentemente sin intención de defenderse. Mas cuando la pareja acaba su destrozo, el enemigo empieza con calma a destruir otro objeto querido por el dúo, al tiempo que ellos se muestran imperturbables. Así siguen sucesivamente intensificando cada vez más el daño, primero unos, después el otro, hasta que finalmente todas las propiedades de los contendientes terminan en ruinas. Ría, amigo lector, ría, ría hasta llorar, porque cualquier similitud con hechos reales no es pura casualidad.

He, tituló Connolly su biografía novelada en la edición original en inglés (Hodder & Stoughton de Londres). En el Oceana Apartment Hotel, mientras despuntan los últimos días, (Stan) cazaba recuerdos, como quien captura mariposas. Así comienza la narración de 530 páginas, plena de fechas y precisos datos.

A través de la ventana abierta se oye el rumor de las olas. Siempre adoró el mar; durante largo tiempo fue prisionero del magnetismo de su madre, Por eso vive aquí, en este pequeño apartamento, en Santa Mónica, con su (quinta) esposa (la cantante y actriz rusa Ida Kitaeva). Vive aquí con el sueño de lo que era y con la realidad de lo que llegó a ser. (...) Cuando se esfume el último recuerdo se irá también él. Los muertos no tienen memoria.

Connolly más inclinado a los géneros policíaco y de horror en su literatura, vió sin embargo cumplido uno de sus más caros anhelos. Siempre le gustaron los filmes de El Gordo y el Flaco; creció con ellos viéndolos en la televisión. En una oportunidad, tuvo que visitar Estados Unidos por la publicación de una de sus novelas y se encontró con un librero que había conocido personalmente a Stan Laurel. Hasta ese entonces no había sabido nada sobre su persona, pero así se enteró de que cuando Oliver Hardy murió, Stan declinó seguir trabajando. No apareció más en la pantalla chica ni concedió más entrevistas. Cuando le otorgaron el Oscar se excusó, diciendo que estaba enfermo, y no acudió a la ceremonia de entrega del máximo galardón de la Academia Cinematográfica de Hollywood. Danny Kaye (1911-1987), lo recogió en su nombre.

La pérdida del amigo es la idea central de esta novela que, en definitiva, y pese a todos los giros y detalles bigráficos, es la historia de una confraternidad entre dos hombres, vista desde el ángulo de Stan Laurel, no solo porque éste sobrevivió a Oliver Hardy, sino porque también fue el único de los dos que escribió y legó abundantes testimonios a la posteridad.

En el curso de sus investigaciones, Connolly entrevistó a testigos de época y leyó todas las biografías sobre el dúo cómico publicadas desde 1960, así como muchas de las 1.500 cartas manuscritas del Flaco, guardadas en el Archivo de California. Para el escritor irlandés la puntillosidad en la información era como un deber de lealtad hacia la persona cuya vida iba a abordar en su novela, escrita en tercera persona del presente.

Pese a la proximidad que intenta el narrador con su personaje, queda siempre un pequeño manto protector que envuelve a Stan y lo preserva de miradas demasiado indiscretas del lector. Cuanto más se informaba Connolly de Laurel y Hardy, tanto más complejas y excepcionales le resultaban sus figuras, incluso en su vida cotidiana. Fue una gran tarea detectivesca la que le tocó desarrollar. Pero, al final Laurel, como todo niño de la era Victoriana, se llevó a la tumba el mayor de sus secretos, su vida interior, sus sentimientos, sobre los cuales nunca se expresó públicamente. Hilando, hilando Connolly pudo completar en parte el rompecabezas y rellenar los vacíos en la vida de Stan Laurel sobre los que éste calló.

No es que hubiera habido un plan predeterminado en la vida de Laurel o de que todo respondiera a una cuestión del destino o de la Providencia o de algún designio divino. No. Fue un devenir. Lo cierto es que El Flaco no era Charlie Chaplin y el autor abandona aquí su implícita discreción para estudiar ambos caracteres y ponerse del lado del héroe de la historia.

Stan era un año más joven que Charlie y ambos comenzaron su carrera simultáneamente en la referida compañía londinense de Karno. Pero, mientras Chaplin ascendía vertiginosamente en su trayectoria y pasaba a convertirse en el actor mejor pagado de Estados Unidos, Laurel viviría largo tiempo en situación precaria. Realmente, tuvo que esperar hasta la llegada de Oliver Hardy para estar en 1921 por primera vez ante una cámara cinematográfica.

Aquí Connolly expone sus reparos ante la compleja personalidad de Chaplin. Esto del Me Too no es nada nuevo en Hollywood. Los abusos sexuales son de larga data. La pareja de Charlie en The Kid (1921), Lita Grey (1908-1995), tenía entonces 15 años de edad cuando Chaplin la dejó embarazada en 1924. Viendo el peligro de ser encarcelado y de que su senda hacia el estrellato se viera arruinada por haber seducido a una menor, Chaplin procuró por todos los medios impedir el nacimiento de quien fue su primer hijo, Charles Chaplin junior (1925-1968), quien a la postre llegaría a ser también actor. Charlie instó a Lita a abortar, a lo cual ésta se opuso (era católica, hija de madre mexicana y padre escocés). Al final tuvo que casarse con ella secretamente en México y cuando regresaban en tren a Estados Unidos trató incluso de persuadirla, diciéndole que lo mejor sería que se suicidara. Esto, según Chaplin, sería más facil que estar casada con él, lo cual no dejaba de ser cierto, como con el tiempo quedó demostrado.

Chaplin, el astuto calculador, es algo así como la figura negra en esta novela sobre Stan Laurel y Oliver Hardy, quienes llegaron a tener éxito dando tumbos en la vida y más bien por fortuna ö por casualidad. Su camaradería e inmensa lealtad mutua son el hilo conductor de la obra. Stan evoca a Babe con gran cariño. Poco tiempo antes de morir, Oliver Hardy, hemipléjico, había perdido el habla. El Flaco comprendía la desesperación de su amigo y compañero de trabajo. Cuando lo visitaba (en sus momentos de lucidez) evitaba hablar y se comunicaba con él a través de gestos y miradas, como lo hacían en sus películas mudas; un extraordinario acto de aprecio, afecto y amor de Laurel por Hardy.

Así tuvo que haber sido también en el transcurso de sus vidas. Sus diferentes personalidades y aptitudes los unieron. Oliver Hardy fue el mejor actor cinematográfico. Una elevacion de sus cejas lo decía todo. Stan Laurel, por el contrario, venía del vodevil, dominaba las grandes gestualidades histriónicas, esas que atrapan al público hasta la última fila del teatro. Pero entendía la mecánica de la comedia. Escribió miles de gags para sus filmes y se ocupaba de la régie y del montaje.

Entre ellos no hubo nunca diferencias por cuestiones de dinero. Stan recibió un mayor salario que Ollie, porque se ocupaba de la producción, los guiones y la realizacion. Hardy prefería pasar ese tiempo en el campo de golf o en salas de juego y consideraba que Laurel merecía ganar más. No había envidia entre El Gordo y el Flaco y ambos mantenían una relación ejemplar. Con The Music Box (1932), La caja de música, obtendrían el Oscar de la Academia al mejor cortometraje, el único que ganarían como dúo. Al año siguiente filmarían la que tal vez haya sido su más encantadora película Sons of the Desert (Compañeros de juerga), cuyo enorme éxito llevó a sus admiradores a bautizar con ese nombre al mayor club de seguidores de sus aventuras, activo hasta nuestros días y con secretaría general en Natick, Massachusetts.

Sus personalidades no eran para nada fáciles. Todo lo contrario. Ollie podía ser irascible y la relación de Stan con las mujeres eran complicadas, para decirlo de forma elegante. Se casó cinco veces, dos de ellas con la misma mujer, y mantuvo un vínculo extramarital durante tres años con la actriz francesa Alice Ardell (París, 1902-Laguna Hills/California, 1996).

El autor de la novela se abstiene de juzgarlo y se limita a exponer las consecuencias tragicómicas de ese carácter tan versátil. Stan Laurel es un hombre que lucha hasta el final de sus días contra el fracaso, tanto financiero como emocional. Se casaba, aunque fuera un error, porque no quería estar solo; necesitaba una mujer en su vida. Prefería la seguridad y la estabilidad de un matrimonio que le permitiera asumir mejor todos los desafíos artísticos que enfrentaba y que le creaban esa aureola de soledad y de inseguridad que le rodeaban. Laurel continuó escribiendo gags para el dúo (y para otros actores cómicos) hasta su fallecimiento, como si Hardy existiera todavía.

En 1962 padeció una hemorragia en el ojo izquierdo que lo dejó temporalmente sin visión. Aún así pudo presenciar cómo el estudio de Hal Roach afrontaba una crisis definitiva que acabó con la venta de sus predios a un agente inmobiliario. Las instalaciones fueron derribadas en diciembre de aquel año. Se iban así muchos de los grandes recuerdos de la mejor etapa de Stan y Ollie.

A finales de 1964, se le detectó a Laurel un cáncer de paladar y el 23 de febrero de 1965, a la 1:45 de la tarde dejó de existir, tras un ataque cardíaco fulminante. Fue enterrado cuatro días más tarde en el cementerio de Forest Lawn Hollywood Hills de Los Ángeles. A su funeral, en la iglesia de las colinas de Glendale, asistieron, entre otros, Buster Keaton, Hal Roach, Joe Rock y Leo McCarey. Su amigo y protegido Dick Van Dyke pronunció allí su célebre panegírico: Los pasillos del cielo estarán sonando ahora con risas divinas.

La novela de Connolly, cuyas imágenes pueden perdurar por largo tiempo en la mente de sus lectores, es no solo un himno a la amistad sincera y a la fraternidad entre El Gordo y el Flaco, sino una reverencia ante estos dos grandes artistas.

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